Agenda

07 Ago 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
08 Ago 2020
17:00
Fatima
14 Ago 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
15 Ago 2020
17:00
Fatima
21 Ago 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
22 Ago 2020
17:00
Fatima
28 Ago 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
29 Ago 2020
17:00
Fatima
04 Sep 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
05 Sep 2020
17:00
Fatima

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Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 3ª semana

Santos: TERESA B. DE LA CRUZ vg. mr

Cándida Mª de J.  vg, Román mr,

Beatos Florentino Asensio ob, mr

 Papa Francisco: El Evangelio nos describe hoy el episodio en el que Jesús, después de una noche dedicada a la oración en la ribera del mar de Galilea, se dirige hacia la barca de sus discípulos, caminando sobre el agua. La barca estaba en medio del mar, azotada por un fuerte viento en contra. Cuando los discípulos vieron a Jesús caminando sobre las aguas, creían ver un fantasma y se llenaron de espanto. Pero él los tranquilizó: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pedro, con su ímpetu característico, le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Y Jesús le dijo: «Ven». Pedro se bajó de la barca y se puso a caminar hacia Jesús; pero a causa del viento le entró miedo y notó que se hundía. Entonces gritó: «Señor, sálvame». Jesús le tendió la mano y lo agarró. Este episodio evangélico contiene un rico simbolismo que nos hace reflexionar sobre nuestra fe, personal y comunitariamente. ¿Cómo es la fe de cada uno y la fe de nuestra comunidad? La barca es la vida de cada uno de nosotros y también la vida de la Iglesia; el viento contrario representa las dificultades y las pruebas. La petición y el grito de Pedro se asemejan, tanto a nuestro deseo de sentir la cercanía del Señor como al miedo y la angustia que acompañan los momentos más duros de nuestra vida y de nuestras comunidades, con sus marcadas fragilidades internas y dificultades externas. La Iglesia es una barca que, a lo largo de su travesía, tiene que hacer frente a vientos contrarios y tempestades, que amenazan con hundirla. Lo que la salva no son el coraje y la calidad de sus miembros: la garantía contra el naufragio está en la fe en Cristo y en su palabra. En esta barca estamos seguros, a pesar de nuestras miserias y debilidades, sobre todo cuando nos postramos de rodillas y adoramos al Señor, como los discípulos, que al final se postraron ante él, exclamando: «Realmente eres Hijo de Dios». ¡Qué hermoso es decir a Jesús estas palabras: «Realmente eres Hijo de Dios»! (13-8-2017).

Monición única para todas las lecturas

La salvación está cerca, proclamamos con el salmo 84. Hay que estar atentos, como Elías en la puerta de la cueva, para reconocerlo en el ligero susurro de una brisa suave. Hay que tener los ojos de la fe bien abiertos para no confundir al Señor que se acerca caminando sobre las aguas con un fantasma, como les ocurre a los discípulos en el relato del evangelio. Del mismo modo, Pablo, en la Carta a los Romanos, se siente triste porque su pueblo no ha sabido reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Dispongámonos a escuchar la Palabra, presencia del Señor entre nosotros.

(2 de agosto de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 2ª semana

Santos EUSEBIO ob, PEDRO J. EYNARD pb, 

Pedro Fabro pb, Pedro de Ozma ob. Beata Juana de Aza mf.

Nuestra Señora de los Ángeles

Liturgia de las Horas: Tomo III -  Salterio   1ª semana

Santos JOAQUÍN Y ANA es

Jorge Preca pb. Beato Vicente pb y co mrs

 Papa Francisco: Hoy es la fiesta de santa Ana, a mí me gusta llamarla la abuela de Jesús y hoy es un hermoso día para festejar a las abuelas. Cuando incensaba vi algo hermoso: la estatua de santa Ana no está coronada, la hija, María, está coronada. Y esto es hermoso. Santa Ana es la mujer que preparó a su hija para convertirse en reina, para convertirse en la reina de los cielos y de la tierra. (26-7-2014). Evangelio de hoy: Las dos primeras parábolas (tesoro, perla) subrayan la decisión de vender cualquier cosa para obtener eso que han descubierto. En el primer caso, no siendo el campo de su propiedad debe adquirirlo si quiere poseer el tesoro: por tanto, decide arriesgar todos sus bienes para no perder esa ocasión realmente excepcional. En el segundo caso, un mercader, experto conocedor, ha identificado una perla de gran valor. También él decide apostar todo a esa perla, hasta el punto de vender todas las demás. Estas semejanzas destacan dos características de la posesión del Reino de Dios: la búsqueda y el sacrificio. El Reino de Dios se ofrece a todos —es un don, es un regalo, es una gracia— pero no en un plato de plata, requiere dinamismo: se trata de buscar, caminar, trabajar. 1. La búsqueda es la condición esencial para encontrar; es necesario que el corazón arda en deseos de alcanzar el bien precioso, es decir el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Es Él el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental, que puede dar un giro decisivo a nuestra vida, llenándola de significado. 2. Esto implica también sacrificio, desapegos y renuncias. Cuando el tesoro y la perla son descubiertos: cuando hemos encontrado al Señor, no podemos dejar estéril este descubrimiento, sino sacrificar por ello cualquier otra cosa, subordinándolo todo a Jesús, poniéndolo a Él en el primer lugar. La gracia en el primer lugar. El discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial; es uno que ha encontrado mucho más: ha encontrado la alegría plena que solo el Señor puede dar. Es la alegría evangélica de los enfermos sanados; de los pecadores perdonados; del ladrón al que se le abre la puerta al paraíso. La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de aquellos que se encuentran con Jesús. Los que se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría (30-7-2017).

Monición única para todas las lecturas

El libro de los Reyes nos presenta el inicio del reinado del rey Salomón, muy conocido por su gran sabiduría. El nos lleva a amar los mandatos del Señor porque nos ayudan a vivir más que cualquier otro bien. El sueño de Salomón en Gabaón ilustra las parábolas del tesoro y de la perla que leemos en el evangelio: Jesús nos dice que la verdadera sabiduría es la del que sabe despojarse para adquirir el nuevo modo de ver la realidad que trae el Reino por él inaugurado. Ese tesoro del Reino está dentro de nosotros mismos, pues llevamos marcada la impronta de Dios y estamos destinados, como dice Pablo, a reproducir la imagen de su Hijo, despojándonos del hombre viejo.

Liturgia de las Horas: Tomo III – Salterio 4ª semana

Santos Áurea de Córdoba vg.mr.

Bernoldo ob. Epafras NT Macrina vg.

Papa Francisco: La página evangélica de hoy propone tres parábolas con las cuales Jesús habla del Reino de Dios a las masas. Me detengo en la primera: la del granobueno y la cizaña, que ¡lustra el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios. ¡Cuánta paciencia tiene Dios! También cada uno de nosotros puede decir esto: «¡Cuánta paciencia tiene Dios conmigo!». La narración se desarrolla en un campo con dos protagonistas opuestos. Por una parte, el dueño del campo que representa a Dios y esparce la semilla buena; por otra, el enemigo que representa a Satanás y esparce la hierba mala. Los siervos querrían intervenir arrancando la cizaña; pero el dueño, que está preocupado sobre todo por salvar el grano, se opone diciendo: «No, no sea que, al arrancar la cizaña, os llevéis a la vez el trigo». Con esta imagen, Jesús nos dice que en este mundo el bien y el mal están tan entrelazados, que es imposible separarlos y extirpar todo el mal. Solo Dios puede hacer esto, y lo hará en el juicio final. Con sus ambigüedades y su carácter complejo, la situación actual es el campo de la libertad, el campo de la libertad de los cristianos, en el cual se cumple el difícil ejercicio del discernimiento entre el bien y el mal. Y en este campo se trata de combinar dos actitudes aparentemente contradictorias: la decisión y la paciencia. La decisión es la de querer ser buen grano —todos lo queremos—, con todas nuestras fuerzas, y entonces alejarse del Maligno y de sus seducciones. La paciencia significa preferir una Iglesia que es levadura en la masa, que no teme ensuciarse las manos lavando las ropas de sus hijos, antes que una Iglesia de «puros», que pretende juzgar antes de tiempo quién está en el Reino y quién no. La línea de frontera entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada uno de nosotros; y todos somos pecadores. Estamos llamados a aprender los tiempos de Dios —que no son los nuestros— y también la «mirada» de Dios. Gracias al influjo benéfico de una paciente espera, lo que era cizaña o parecía cizaña, puede convertirse en un producto bueno. Es la realidad de la conversión. ¡Es la perspectiva de la esperanza! (23-7-2017).

Monición única para todas las lecturas

Tanto el libro de la Sabiduría como el salmo responsorial de hoy nos hablan de la benignidad y la indulgencia de un Dios “clemente y compasivo, lleno de amor y fiel”, cuya justicia se armoniza perfectamente con su compasión. Un mensaje que, de algún modo, también está implícito en la parábola que leemos hoy en el evangelio de Mateo. El trigo y la cizaña crecen juntos, el bien y el mal conviven en la historia humana, pero sólo a la hora del juicio Dios separará a ambos.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría: 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

Liturgia de las horas: Tomo III Salterio 3ª semana

Santos Luis y Celia Martin es pf,
Ignacio Clemente Delgado ob mr,
Juan Gualberto ab, 
Juan Jones y Juan Wall pbs mrs

 Papa Francisco: En la parábola del sembrador, Jesús es el sembrador. Él esparce con paciencia y generosidad su Palabra, que no es una jaula o una trampa, sino una se- milla que puede dar fruto. ¿Y cómo puede dar fruto? Si nosotros la acogemos. Jesús efectúa, por así decir, una "radiografía espiritual" de nuestro corazón, que es el terreno sobre el cual cae la semilla de la Palabra. Nuestro corazón, como un terreno, puede ser bueno y entonces la Palabra da fruto, pero puede ser también duro, impermeable. Ello ocurre cuando oímos la Palabra, pero nos es indiferente, precisamente como en el asfalto: no entra. Entre el terreno bueno y el asfalto, hay dos terrenos: primero, el pedregoso, «donde no hay mucha tierra»: acoge al Señor, quiere rezar, amar y dar testimonio, pero no persevera, se cansa y no "despega" nunca. Es un corazón sin profundidad, donde las piedras de la pereza prevalecen sobre la tierra buena, donde el amor es inconstante y pasajero, no da fruto. El segundo terreno es el espinoso, lleno de zarzas que asfixian a las plantas buenas. Cada uno puede reconocer a sus pequeñas o grandes zarzas, los vicios que habitan en su corazón, los arbustos más o menos radicados que no gustan a Dios e impiden tener el corazón limpio. Hay que arrancarlos, o la Palabra no dará fruto, la semilla no se desarrollará. Encontremos el valor de hacer una buena recuperación del suelo, una bonita recuperación de nuestro corazón, llevando al Señor en la Confesión, y en la oración nuestras piedras y nuestras zarzas. Haciendo así, Jesús, buen sembrador, estará feliz de cumplir un trabajo adicional: purificar nuestro corazón, quitando las piedras y espinas que asfixian la Palabra (16-7-2017).

Monición única para todas las lecturas

La Palabra de Dios ocupa un lugar especial en este domingo. Tanto Isaías como Jesús centran su mensaje en la Palabra que es enviada o sembrada en cada uno de nosotros. Usando imágenes de actividades agrícolas, Jesús nos instruirá sobre cómo debemos escuchar su Palabra y disponernos para que produzca buen fruto. Atentos escuchemos.

 PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo».

Palabra de Dios.

Liturgia de las Horas: Tomo III Salterio 2ª semana

Santos Antonio Mª Zaccaria pb. Marta mf

JORNADA DE RESPÒNSABILIDAD DEL TRAFICO

Papa Francisco: En el Evangelio de hoy Jesús dice: «Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré». Se dirige a "todos" los que están cansados y oprimidos por la vida. Sabe que muchas cosas cansan al corazón: desilusiones y heridas del pasado, pesos que hay que cargar e injusticias que hay que soportar en el presente, incertidumbres y preocupaciones por el futuro. La primera palabra de Jesús es una invitación a moverse y reaccionar: "venid". Pero salir solo no basta, es necesario saber adónde ir. Muchas metas son ilusorias: prometen descanso y distraen solo un poco, aseguran paz y dan diversión dejando luego en la soledad de antes, son "fuegos artificiales". Jesús indica adonde ir: "Venid a mí". Muchas veces, ante un peso de la vida o una situación que nos duele, intentamos hablar con alguien que nos escuche. No nos olvidemos de abrirnos a Él y contarle la vida, encomendarle personas y situaciones. Quizá hay "zonas" de nuestra vida que nunca le hemos abierto a Él y que han permanecido oscuras, porque no han visto nunca la luz del Señor. Hoy Él dice a cada uno: "¡Ánimo, no te rindas ante los pesos de la vida, no te cierres ante los miedos y los pecados, sino ven a mí!". Él nos espera, nos espera siempre, no para resolvernos mágicamente los problemas, sino para hacernos fuertes en nuestros problemas. Jesús no nos quita los pesos de la vida, sino la angustia del corazón; no nos quita la cruz, sino que la lleva con nosotros. Y con Él cada peso se hace ligero, porque Él es el descanso que buscamos. Cuando en la vida entra Jesús, llega la paz, la que permanece en las pruebas, en los sufrimientos. Vayamos a Jesús, démosle nuestro tiempo, encontrémosle cada día en la oración, en un diálogo confiado y personal; familiaricémonos con su Palabra: nos sentiremos amados y consolados por Él. No olvidemos encontrar el verdadero descanso en el Señor. Que nos ayude en esto la Virgen María, nuestra Madre, que siempre cuida de nosotros cuando estamos cansados y oprimidos y nos acompaña a Jesús (9-7-2017).

Monición única para todas las lecturas

 Las lecturas de hoy resaltan las virtudes de la humildad y sencillez del Mesías. Zacarías nos presenta la figura de un rey humilde y pacífico, despojado de los rasgos de rasgos guerreros. Es la figura de Cristo, sencillo y humilde de corazón, como nos lo presenta el Evangelio de San Mateo. Con humildad convoca a los sencillos para hacerles la donación del Espíritu, a través del cual, como lo dirá San Pablo, podremos participar de la Resurrección de Cristo.

Atentos escuchemos la Palabra

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra».

Palabra de Dios.

Santos IRJENEO DE LYON ob

Argimiro mj mr, Pablo I pp,
Lucía Wang-Cheng y co mrs

Liturgia de las horas: Tomo III – Salterio 1ª semana

COLECTA DEL ÓBOLO DE SAN PEDRO

Papa Francisco: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí...», dice Jesús. El afecto de un padre, la ternura de una madre, la dulce amistad entre hermanos, todo esto, aun siendo muy bueno y legítimo, no puede ser antepuesto a Cristo. No porque Él nos quiera sin corazón y sin gratitud, al contrario, sino porque la condición del discípulo exige una relación prioritaria con el maestro: cualquier discípulo, ya sea un laico, un sacerdote, un obispo. Quizá la primera pregunta que debemos hacer a un cristiano es: «¿Pero tú te encuentras con Jesús? ¿Tú rezas a Jesús?». La relación. Se podría casi parafrasear el Libro del Génesis: Por eso, deja el hombre a su padre y a su madre y se une a Jesucristo, y se hacen una sola cosa. Quien se deja atraer por este vínculo de amor y de vida con el Señor Jesús, se convierte en su representante, en su "embajador", sobre todo con el modo de ser, de vivir. Jesús mismo, cuando envía a sus discípulos, les dice: «El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y quien me recibe, recibe al que me ha enviado». Es necesario que la gente pueda percibir que para ese discípulo Jesús es verdaderamente "el Señor", es verdaderamente el centro de su vida, el todo de la vida. No importa si luego, como toda persona humana, tiene sus límites y también sus errores —con tal de que tenga la humildad de reconocerlos—; lo importante es que no tenga el corazón doble, esto es peligroso (2-7-2017).

Monición única para todas las lecturas

Las lecturas de hoy nos hablan de la recompensa que Dios da a quienes hacen bien a sus discípulos y profetas. Una familia sunamita recibe como recompensa, por hospedar al profeta,  un hijo varón. Pablo dice que la mayor recompensa es la vida plena que ha dado Cristo Resucitado. Por su parte, Jesús nos habla de una recompensa en dos direcciones: una para sus mensajeros del Evangelio y otra para quienes les acogen por ser discípulos. Atentos escuchemos la Palabra, porque esas recompensas están ahí para nosotros también.

 PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Un día pasaba Eliseo por Sunam y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido: —«Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí». Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó. Dijo a su criado Guejazi: —«¿Qué podríamos hacer por ella?». Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo». Eliseo dijo: —«Llámala». La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: —«El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo».

21 de junio de 2020

Liturgia de las Horas: Tomo III – 4ª semana

Santos LUIS GONZAGA rl,

Ramón de Roda ob, José Isabel Flores pb mr, Radolfo ob

Papa Francisco: En el Evangelio de hoy el Señor Jesús, después de haber llamado y enviado de misión a sus discípulos, les instruye y les prepara para afrontar las pruebas y las persecuciones que deberán encontrar. Ir de misión no es hacer turismo, y Jesús advierte a los suyos: «No les tengáis miedo. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz. [...] Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma». El envío en misión de parte de Jesús no garantiza a los discípulos el éxito, así como no les pone a salvo de fracasos y sufrimientos. Hay que tener en cuenta tanto la posibilidad del rechazo, como la de la persecución. El discípulo está llamado a adaptar su propia vida a Cristo, que fue perseguido por los hombres, conoció el rechazo, el abandono y la muerte en la cruz. ¡No existe la rasión cristiana caracterizada por la tranquilidad! Las dificultades y las tribulaciones forman parte de la obra de evangelización, y nosotros estamos llamados a encontrar en ellas la ocasión para verificar la autenticidad de nuestra fe y de nuestra relación con Jesús. Estas dificultades son como la posibilidad para ser todavía más misioneros y para crecer en esa confianza en Dios, nuestro Padre: ante las dificultades del testimonio cristiano, no somos olvidados nunca, sino siempre acompañados por el cuidado atento del Padre. En el Evangelio de hoy, Jesús tranquiliza tres veces a sus discípulos diciendo: «¡No tengáis miedo!». También en nuestros días, la persecución contra los cristianos está presente. Nosotros rezamos por nuestros hermanos que son perseguidos, y alabamos a Dios porque siguen dando testimonio con valor y fidelidad de su fe. Su ejemplo nos ayuda a no dudar en tomar posición a favor de Cristo,
dando testimonio de Él valientemente en las situaciones de cada día (25-6-2017).

Monición única para todas las lecturas

Todas las lecturas de hoy nos hablan de un Dios que cuida de todos nosotros, especialmente de quienes pasan por grandes dificultades. Así lo manifiesta Jeremías, alabando al Dios salvador en los momentos en que lo acechan sus enemigos. Esa misma certeza manifiesta el salmo y San Pablo. Lo confirma también Jesús en el Evangelio de San Mateo, invitándonos a no temer cuando aceche la dificultad, pues Dios, nuestro Padre, vela por nosotros.  Atentos escuchemos esta Palabra.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: "Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo". Mis amigos acechaban mi traspié: "a ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él". Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 68

Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Pero, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: —«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

  1. Por el Papa, obispos, sacerdotes y todas las personas consagradas y misioneros que pregonan la buena nueva de salvación por el mundo, para que lo sigan haciendo con la fuerza del Espíritu Santo y la confianza de que nadie puede matar el alma. Roguemos al Señor.
  2. Por los que tienen alguna responsabilidad en el gobierno de las naciones, especialmente por el nuestro, para que luchen sin miedo por la paz y la reconciliación de los pueblos. Roguemos al Señor.
  3. Por los que sufren persecución por causa del Evangelio, para que la palabra que hoy se nos ha proclamado les anime en medio de la angustia. Roguemos al Señor.
  4. Por los que ahora hemos escuchado el mensaje de Jesús, para que vayamos a dar testimonio sin temor alguno ante las personas con las que a diario tenemos contacto, especialmente ante nuestros familiares. Roguemos al Señor

Oración:

SEÑOR, yo te he negado ante los hombres cuando he renegado de ti por el pecado. Pero confío en tu misericordia y en tu bondad frente a la debilidad del corazón humano. Yo quiero estar siempre de tu parte y dar la cara por ti. Pero no me lo propongo apoyado en mis frágiles fuerzas, sino que lo espero por el poder de tu gracia y por la amistad que nos une a ti y a mí.

 

 

(14 de junio de 2020)

Santos Eliseo prof. Anastasio y co mrs.

Fortunato ob. Metodio ob

DÍA Y COLECTA DE LA CARIDAD

Papa Francisco: Cada domingo, la comunidad eclesial se reúne alrededor de la Eucaristía. Y cada año tenemos la alegría de celebrar la fiesta dedicada a este Misterio central de la fe, para expresar en plenitud nuestra adoración a Cristo que se dona como alimento y bebida de salvación. Jesús afirma: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo…  El pan que yo voy a dar, es mi carne por la vida del mundo». Él declara que el Padre lo ha enviado al mundo como alimento de vida eterna, y que por esto Él se sacrificará a sí mismo, su carne. Jesús, en la cruz, entregó su cuerpo y derramó su sangre. El Hijo del hombre crucificado es el verdadero Cordero pascual, que hace salir de la esclavitud del pecado y sostiene en el camino hacia la tierra prometida. En la Eucaristía Jesús, como hizo con los discípulos de Emaús, se acerca a nosotros, peregrinos en la historia, para alimentar en nosotros la fe, la esperanza y la caridad; para consolarnos en las pruebas; para sostenernos en el compromiso por la justicia y la paz. Esta presencia solidaria del Hijo de Dios está por todos lados: en las ciudades y en los campos, en el norte y en el sur del mundo, en los países de tradición cristiana y en los de primera evangelización. Y en la Eucaristía Él se ofrece a sí mismo como fuerza espiritual para ayudarnos y poner en práctica su mandamiento —amarnos como Él nos ha amado—, construyendo comunidades acogedoras y abiertas a las necesidades de todos, especialmente de las personas más frágiles, pobres y necesitadas. Alimentarnos con Jesús Eucaristía significa también abandonarnos con confianza a Él y dejarnos guiar por Él. Se trata de acoger a Jesús en lugar del propio "yo". De esta forma, el amor gratuito recibido por Jesús en la comunión eucarística, con la obra del Espíritu Santo, alimenta el amor a Dios y a los hermanos que encontramos en el camino de cada día (18-6-2017).