Agenda

Sin eventos

Si quieres que recemos por tí, comunícanos tu intención

Nombre 
Intención 
    

NUEVO AÑO LITURGICO - TIEMPO DE ADVIENTO

TOMO I de la Liturgia de las Horas – Salterio 1ª semana

 Santos Saturnino mr, Iluminada vg, Francisco
A. Fasani pb. Beato Bernardo F. de Hoyos pb

 Papa Francisco: Hoy comenzamos el camino de Adviento, que culminará en la Navidad. El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro, también para verificar nuestro deseo de Dios, para mirar hacia adelante y prepararnos para el regreso de Cristo. Él viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos «para juzgar a los vivos y a los muertos». Por eso debemos estar siempre alerta y esperar al Señor con la esperanza de encontrarlo. La liturgia de hoy nos habla precisamente del sugestivo tema de la vigilia y de la espera. En el Evangelio Jesús nos exhorta a estar atentos y a vigilar a fin de estar listos para recibirlo en el momento del regreso. Nos dice: "Estad atentos, vigilad, pues no sabéis cuándo será el momento [...] No sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos". La persona que está atenta es la que, en el ruido del mundo, no se deja llevar por la distracción o la superficialidad, sino que vive de modo pleno y consciente, con una preocupación dirigida en primer lugar a los demás. La persona vigilante es la que acoge la invitación a velar, es decir, a no dejarse abrumar por el sueño del desánimo, la falta de esperanza, la desilusión; y al mismo tiempo rechaza la llamada de tantas vanidades de las que está el mundo lleno y detrás de las cuales, a veces, se sacrifican tiempo y serenidad personal y familiar. Estar atentos y vigilantes son las premisas para no seguir deambulando fuera de los caminos del Señor, perdidos en nuestros pecados y nuestras infidelidades; estar atentos y alerta, son las condiciones para permitir a Dios irrumpir en nuestras vidas, para restituirle significado y valor con su presencia llena de bondad y de ternura (3-12-2017).

Monición única para todas las lecturas

(22 de noviembre de 2020)

Santos CECILIA vg mr,
Filemón NT, Benigno ob.

 Papa Francisco: En este último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Cristo Rey del Universo. La suya es una majestad de guía, de servicio y también una majestad que al final de los tiempos se afirmará como juicio. Hoy tenemos delante de nosotros al Cristo como rey, pastor y juez, que muestra los criterios de pertenencia al Reino de Dios. Aquí están los criterios. 1. Después de haber vivido la existencia terrenal en humildad y pobreza, Jesús se presenta ahora en la gloria divina que le pertenece, rodeado por hileras de ángeles. Toda la humanidad está convocada frente a Él y Él ejercita su autoridad separando a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. 2. «En verdad os digo que cuanto hicisteis con uno de estos hermanos míos más pequeños, a mime lo hicisteis». Esta palabra no termina nunca de conmocionarnos, porque nos revela que el amor de Dios le lleva a identificarse con nosotros, pero no cuando estamos bien, cuando estamos sanos y felices, no, sino cuando estamos necesitados. Y de este modo escondido Él se deja encontrar, nos tiende la mano como mendigo. Así Jesús revela el criterio decisivo de su juicio, es decir, el amor concreto por el prójimo en dificultad. Y así se revela el poder del amor, la majestad de Dios: solidario con quien sufre para suscitar por todas partes comportamientos y obras de misericordia. 3. Al final de nuestra vida seremos juzgados sobre el amor, es decir, sobre nuestro empeño concreto de amar y servir a Jesús en nuestros hermanos más pequeños y necesitados. Aquel mendigo, aquel necesitado que tiende la mano es Jesús; aquel enfermo al que debo visitar es Jesús; aquel preso es Jesús; aquel hambriento es Jesús. Pensemos en esto. 4. Jesús vendrá al final de los tiempos para juzgar a todas las naciones, pero viene a nosotros cada día de muchos modos y nos pide acogerlo (26-11-2017).

Monición única para todas las lecturas

Las lecturas de hoy ponen ante nuestra mirada la figura de un rey-pastor que se desvive por su rebaño. En Ezequiel, Dios es el pastor de su pueblo, al que cuida, alimenta y protege. En el evangelio, Jesús es rey y juez que, como el pastor que separa las ovejas de los cabritos, en su venida al final de los tiempos juzgará a todos según el amor que cada uno ha mostrado con los más pequeños. El destino de los benditos del Padre es la vida eterna, inaugurada por Cristo con su resurrección. Escuchemos con atención. 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear —oráculo del Señor Dios—. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido. Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío».

(15 de noviembre de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo IV –Salterio 1ª semana

Santos ALBERTO MAGNO ob dc,
Marino y Aniano mrs, Leopoldo cf,
Roque y Alfonso pbs mrs

JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Papa Francisco: «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» (Sal 34,7). El salmo des cribe con tres verbos la actitud del pobre y su relación con Dios. 1. Ante todo, "gritar". La condición de pobreza no se agota, en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios. En esta Jornada estamos llamados a hacer un serio examen de conciencia para darnos cuenta de si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres. Si somos nosotros los que hablamos mucho, no lograremos escucharlos. Cuando los pobres hacen sentir su voz, quizá pensamos que basta con un gesto de altruismo para quedarnos satisfechos, sin tener que comprometernos directamente. 2. El segundo verbo es "responder". El salmista dice que el Señor le responde. La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a reemprender la vida con dignidad. La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en él obre de la misma manera. La Jornada Mundial de los Pobres pretende ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y de cualquier lugar para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío. 3. El tercer verbo es "liberar". El pobre de la Biblia vive con la certeza de que Dios interviene en su favor para restituirle la dignidad. La pobreza no es algo buscado, sino que es causada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. La salvación de Dios adopta la forma de una mano tendida hacia el pobre, que acoge, protege y hace posible experimentar la amistad que tanto necesita. A partir de esta cercanía, concreta y tangible, comienza un genuino itinerario de liberación: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (18-11-2018).

(8 de noviembre de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 4ª semana

Santos Godofredo ob, Adeodato pp.
Beato Juan Duns Escoto pb

DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

Papa Francisco: En este domingo, el Evangelio nos indica las condiciones par.» entrar en el Reino de los cielos y lo hace con la parábola de las diez vírgenes: las jóvenes que estaban encargadas de acoger y acompañar al esposo en la ceremonia de boda y, como era costumbre celebrarla de noche, las mujeres estaban equipadas con lámparas. Cinco de estas vírgenes son prudentes y cinco son necias: l.is prudentes llevaron con ellas el aceite para las lámparas, mientras que las necias no lo llevaron. Jesús nos enseña que debemos permanecer preparados para el encuentro con Él: «Velad, porque no sabéis el día ni la hora». Velar no significa solamente no dormí», sino estar preparados. Se trata de no esperar al último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios, sino de hacerlo ya ahora. Sería hermoso pensar un poco: un día será el último. Si fuera hoy, ¿cómo estoy preparado, preparada? Prepararse como si fuera el último día: esto hace bien. La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras que el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta y hace fecunda y creíble la luz de la fe. La condición para estar listos para el encuentro con el Señor no es solo la fe, sino una vida cristiana rica en amor y caridad hacia el prójimo (12-11-2017).

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A

Domingo,1 noviembre de2020 Ciclo A

Papa Francisco: Estamos unidos a todos los santos: no solo a los más conocidos, los del calendario, sino también a los «de la puerta de al lado», a los miembros de nuestra familia y conocidos que ahora forman parte de esa inmensa multitud. Hoy, pues, es una fiesta familiar. Los santos están cerca de nosotros, de hecho, son nuestros verdaderos hermanos y hermanas. Nos entienden, nos aman, saben lo que es nuestro verdadero bien, nos ayudan y nos esperan. Son felices y nos quieren felices con ellos en el paraíso. Por este motivo, nos invitan al camino de la felicidad, indicado en el Evangelio de hoy, tan hermoso y conocido: «Bienaventurados los pobres de espíritu..., los mansos, los limpios de corazón...». El Evangelio dice bienaventurados los pobres, mientras que el mundo dice bienaventurados los ricos; dice bienaventurados los mansos, mientras que el mundo dice bienaventurados los prepotentes; dice bienaventurados los puros, mientras que el mundo dice bienaventurados los astutos y los vividores. Este camino de la bienaventuranza, de la santidad, parece conducir al fracaso. Y, sin embargo, los santos tienen «palmas en sus manos», es decir, los símbolos de la victoria. Han ganado ellos, no el mundo. Y nos exhortan a elegir su parte, la de Dios que es santo. Preguntémonos de qué lado estamos: ¿del cielo o de la tierra? ¿Vivimos para el Señor o para nosotros mismos, para la felicidad eterna o para alguna satisfacción ahora? Preguntémonos: ¿realmente queremos la santidad? ¿O nos contentamos con ser cristianos, sin pena ni gloria, que creen en Dios y estiman a los demás, pero sin exagerar? El Señor lo pide todo y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados (1-11-2018).

Monición única para todas las lecturas

 Escucharemos el relato de las bienaventuranzas, camino a seguir para poder triunfar y formar parte del pueblo victorioso que nos narra el apocalipsis, llegando a ser semejantes a Dios, a quien veremos tal cual es, según lo describe San Juan en su carta. Escuchemos atentamente.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: —«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: —«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!». Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: —«Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén». Y uno de los ancianos me dijo: —«Ésos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?». Yo le respondí: —«Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió. —«Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

(25 de octubre de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 2ª semana

Santos Bernardo Calbó ob, Crisanto y Daría mrs,

Frutos, Valentín y Engracia mrs

Papa Francisco: Los fariseos se reúnen para poner a prueba a Jesús. Uno de ellos, un doctor de la ley, le dirige esta pregunta: «Maestro ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Es una pregunta insidiosa, porque en la ley de Moisés se mencionan más de seiscientos preceptos. Jesús no duda y responde: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente». Y añade: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Los más importantes eran los diez Mandamientos, comunicados por Dios a Moisés, como condiciones del pacto de alianza con el Pueblo. Para Jesús, sin el amor a Dios y al prójimo no hay verdadera fidelidad a esta alianza con el Señor. Tú puedes hacer muchas cosas buenas, pero si tú no tienes amor, eso no sirve. Lo confirma un texto del Éxodo (11,20-22), llamado «código de la alianza», donde se dice que no se puede estar en la Alianza del Señor y maltratar a aquellos que gozan de su protección: la viuda, el huérfano y el extranjero, el emigrante, es decir las personas más solas e indefensas. Dice Jesús: «En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas». Son los más importantes y los demás dependen de estos dos. Y Jesús vivió precisamente así su vida: predicando y haciendo lo que verdaderamente cuenta y es esencial, es decir, el amor. El amor da impulso y fecundidad a la vida y al camino de fe: sin amor, tanto la vida como la fe permanecen estériles. Lo que Jesús propone en esta página evangélica es un ideal estupendo, que corresponde al deseo más auténtico de nuestro corazón. Hemos sido creados para amar y ser amados. Dios, que es amor, nos ha creado para hacernos partícipes de su vida, para ser amados por Él y para amarlo y para amar con Él a todas las demás personas. Este es el «sueño» de Dios para el hombre. Y para realizarlo necesitamos de su gracia, necesitamos recibir en nosotros la capacidad de amar que proviene de Dios mismo. Jesús se ofrece a nosotros en la Eucaristía precisamente para esto (29-10-2017).

(18 de octubre de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 1ª semana

SAN LUCAS, EVANGELISTA
Santos Amable pb, Asclepiades ob

JORNADA MUNDIAL POR LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS (DOMUND)

 Papa Francisco: El Evangelio de este domingo nos presenta a los fariseos que preguntan a Jesús: «¿Es lícito pagar tributo al César o no?». Jesús aprovecha la pregunta capciosa para darnos una enseñanza: «Enseñadme la moneda del impuesto». Jesús pregunta: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» los fariseos solo pueden responder: «Del César». Entonces Jesús concluye: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Jesús declara que pagar el impuesto no es un acto de idolatría, sino un acto debido a la autoridad terrenal. Y Jesús —aquí da el «golpe maestro»—, reclamando el primado de Dios, pide que se le rinda lo que espera como Señor de la vida del hombre y de la historia. La referencia a la imagen de César dice que es justo sentirse ciudadanos del Estado de pleno título —con derechos y deberes—; pero hace pensar en otra imagen, impresa en cada hombre: la imagen de Dios. Él es el Señor de todo, y nosotros, que hemos sido creados «a su imagen», le pertenecemos ante todo a Él. ¿A quién pertenezco yo? ¿A la familia, a la ciudad, a los amigos, a la escuela, al trabajo, a la política, al Estado? Sí, claro. Pero, antes que nada —nos recuerda Jesús— tú perteneces a Dios. Esta es la pertenencia fundamental. Es Él quien te ha dado todo lo que eres y tienes. Nuestra vida podemos y debemos vivirla en el reconocimiento de nuestra pertenencia fundamental y en el reconocimiento de corazón hacia nuestro Padre, que crea a cada uno de nosotros de forma singular, irrepetible, pero siempre según la imagen de su Hijo amado, Jesús (22-10-2017).

11 octubre de 2020

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 4ª semana

JUAN XXIII pp,

Mª SOLEDAD TORRES vg

Felipe el Diácono NT Fermín ob

Beta Mª de Jesús mf rl

(4 de octubre de 2020)

Liturgia de las Horas – Tomo IV – Salterio 3ª semana

SAN FRANCISCO DE ASIS rl,

Áurea de Paris ab, Petronio ob, Quintín mr

Papa Francisco: La liturgia de este domingo nos propone la parábola de los viñadores, a los que el jefe confía la viña que había plantado y después se va. Así se pone a prueba la lealtad de estos viñadores. Llegado el tiempo de la vendimia, el jefe manda a sus siervos a recoger los frutos. Pero los viñadores asumen una actitud posesiva: no se consideran simples gestores, sino propietarios, y se niegan a entregar lo que han recogido. Maltratan a los siervos hasta matarlos. Matan también al hijo pensando que así habrían tenido la herencia. Está aquí la gran novedad del cristianismo: un Dios que es siempre fiel a su palabra, no se detiene y sobre todo ¡no se venga! Dios ama, no se venga, nos espera para perdonarnos, para abrazarnos. A través de las situaciones de debilidad y de pecado, Dios continúa poniendo en circulación el «vino nuevo» de su viña, es decir, la misericordia. Hay solo un impedimento: nuestra arrogancia y nuestra presunción, que se convierte en ocasiones en violencia El Señor, que nos llama a convertirnos en trabajadores de su viña, nos ayuda a entender la fe cristiana: no la suma de preceptos y de normas morales, sino una propuesta de amor que Dios, a través de Jesús, hizo y continúa haciendo a la humanidad. Es una invitación a entrar en esta historia de amor, convirtiéndose en una viña vivaz y abierta, rica de frutos y de esperanza para todos (8-10-2017).