Agenda

Sin eventos

Si quieres que recemos por tí, comunícanos tu intención

Nombre 
Intención 
    

28 de febrero de 2021)

Liturgia de las Horas: Tomo II – Salterio 2ª semana

Santos Mártires de Alejandría, Román ab,

Osvaldo ob, Marana y Cira vgs,

Beato Daniel Brottier pb.

(21 de febrero de 2021)

Liturgia de las Horas: Tomo II – Salterio 1ª semana

Santos: PEDRO DAMIÁN ob

Germán ab, Roberto Southwell pb mr

Papa Francisco: En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio menciona los temas de la tentación, la conversión y la Buena Noticia. 1. Escribe el evangelista Marcos: «El Espíritu empujó a Jesús al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás» (Marcos 1,12-13). Jesús va al desierto a prepararse para su misión en el mundo. Él no necesita conversión, pero, en cuanto hombre, debe pasar a través de esta prueba, —ya sea por sí mismo, para obedecer a la voluntad del Padre, como por nosotros, para darnos la gracia de vencer las tentaciones—. Esta preparación consiste en la lucha contra el espíritu del mal, es decir, contra el diablo. También para nosotros la Cuaresma es un tiempo de lucha espiritual: estamos llamados a afrontar al maligno mediante la oración para ser capaces, con la ayuda de Dios, de vencerlo en nuestra vida cotidiana. 2. Inmediatamente después de las tentaciones en el desierto, Jesús empieza a predicar el Evangelio, la Buena Noticia, la segunda palabra. Y esta Buena Noticia exige del hombre conversión y fe. Él anuncia: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca»; después dirige la exhortación: «Convertíos y creed en la Buena Nueva», es decir creed en esta Buena Noticia: el Reino de Dios está cerca. 3. En nuestra vida siempre necesitamos conversión — ¡todos los días! —, y la Iglesia nos hace rezar por esto. De hecho, no estamos nunca suficientemente orientados hacia Dios y debemos continuamente dirigir nuestra mente y nuestro corazón a él. Para esto es necesario tener la valentía de rechazar todo lo que nos lleva fuera del camino, los falsos valores que nos engañan atrayendo nuestro egoísmo de forma sutil. Sin embargo, debemos fiarnos del Señor, de su bondad y de su proyecto de amor para cada uno de nosotros. La Cuaresma es un tiempo de penitencia, pero no es un tiempo triste, de luto. Es un compromiso alegre y serio para despojarnos de nuestro egoísmo, de nuestro hombre viejo, y renovarnos según la gracia de nuestro bautismo. Solamente Dios puede darnos la verdadera felicidad: es inútil que perdamos nuestro tiempo buscándola en otro lugar, en las riquezas, en los placeres, en el poder, en la carrera... El Reino de Dios es la realización de todas nuestras aspiraciones, porque es, al mismo tiempo, salvación del hombre y gloria de Dios (18-2-2018).

(14 de febrero de 2021)

Liturgia de las Horas: Tomo III – 2ª semana

SANTOS CIRILO Y METODIO, Patronos de Europa,

Valentín mr, Juan B. de la Concepción pb, Vital mr

 Papa Francisco: En el Evangelio de hoy la lucha de Jesús afronta un caso emblemático, porque el enfermo es un leproso. La lepra es una enfermedad contagiosa que no tiene piedad, que desfigura a la persona, y que era símbolo de impureza: el leproso tenía que estar fuera de los centros habitados e indicar su presencia a los que pasaban. Era marginado por la comunidad civil y religiosa. Era como un muerto ambulante. El episodio de la curación del leproso tiene lugar en tres breves pasos: la invocación del enfermo, la respuesta de Jesús y las consecuencias de la curación prodigiosa. 1. El leproso suplica a Jesús «de rodillas» y le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». 2. Ante esta oración humilde y confiada, Jesús reacciona con una actitud profunda de su espíritu: la compasión. Y «compasión» es una palabra muy profunda: compasión significa «padecer-con-el otro». El corazón de Cristo manifiesta la compasión paterna de Dios por ese hombre, acercándose a él y tocándolo. Y este detalle es muy importante. Jesús «extendió la mano y lo tocó... la lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio». La misericordia de Dios supera toda barrera y la mano de Jesús tocó al leproso. Él no toma distancia de seguridad y no actúa delegando, sino que se expone directamente al contagio de nuestro mal; y precisamente así nuestro mal se convierte en el lugar del contacto: Jesús toma de nosotros nuestra humanidad enferma y nosotros de él su humanidad sana y capaz de sanar. 3. Esto sucede cada vez que recibimos con fe un Sacramento: el Señor Jesús nos «toca» y nos dona su gracia. En este caso pensemos especialmente en el sacramento de la reconciliación, que nos cura de la lepra del pecado. Una vez más el Evangelio nos muestra lo que hace Dios ante nuestro mal: Dios no viene a «dar una lección» sobre el dolor; no elimina del mundo el sufrimiento y la muerte, viene a cargar sobre sí el peso de nuestra condición humana, a conducirla hasta sus últimas consecuencias, para liberarnos de modo radical y definitivo. Así Cristo combate los males y los sufrimientos del mundo: haciéndose cargo de ellos y venciéndolos con la fuerza de la misericordia de Dios. 4. Hoy, el Evangelio de la curación del leproso nos dice que si queremos ser auténticos discípulos de Jesús estamos llamados a llegar a ser, unidos a él, Instrumentos de su amor misericordioso, superando todo tipo de marginación. Para ser «imitadores de Cristo», ante un pobre o un enfermo, no tenemos que tener miedo de mirarlo a los ojos y de acercarnos con ternura y compasión, y de tocarlo y abrazarlo (15-2-2015).

Monición única para todas las lecturas

El texto del Levítico nos acerca a la terrible existencia de los enfermos de lepra en el judaísmo del Antiguo Testamento. Jesús, en el pasaje del evangelio, sana al leproso y lo integra de nuevo en la vida de su pueblo. Pablo, en el texto de la carta a los Corintios, nos invita a actualizar el comportamiento de Jesús, siguiendo su ejemplo, como él sigue el de Cristo 

(7 de febrero de 2021)

Liturgia de las Horas: Tomo III – Salterio 1ª semana

Santos: Ricardo pf Juliana vd,

Beatos Pío IX pp, Anselmo Polanco ob y Felipe pb mrs

Papa Francisco: La jornada de Jesús en Cafarnaún empieza con la sanación de la suegra de Pedro y termina con todo el pueblo que se agolpa delante de la casa donde él se alojaba, para llevar a todos los enfermos. La multitud, marcada por sufrimientos físicos y miserias espirituales, constituye, por así decir «el ambiente vital» en el que se realiza la misión de Jesús, hecha de palabras y de gestos que sanan y consuelan. Jesús no ha venido a administrar la salvación en un laboratorio; no hace la predicación de laboratorio, separado de la gente: ¡está en medio de la multitud! ¡En medio del pueblo! Pensad que la mayor parte de la vida pública de Jesús la ha pasado en la calle, entre la gente, para predicar el Evangelio, para sanar las heridas físicas y espirituales. Es una humanidad surcada de sufrimientos, cansancios y problemas: a tal pobre humanidad se dirige la acción poderosa, liberadora y renovadora de Jesús. Así, en medio de la multitud hasta tarde, se concluye ese sábado ¿Y que hace después Jesús? Antes del alba del día siguiente, él sale sin que le vean por la puerta de la ciudad y se retira a un lugar apartado a orar. Jesús reza. De esta manera aparta su persona y su misión de una visión triunfalista, que malinterpreta el sentido de los milagros y de su poder carismático. Los milagros son «signos», que invitan a la respuesta de la fe; signos que siempre están acompañados de palabras, que las iluminan; y juntos, signos y palabras, provocan la fe y la conversión por la fuerza divina de la gracia de Cristo (4-2-2018).

Monición única para todas las lecturas

En la primera lectura, nos encontramos con Job que atraviesa tiempos de desgracia y su vida cae en la desesperación. Desde un contexto similar, en el pasaje evangélico Jesús trae vida nueva, salud integral al ser humano. Pablo, en el texto de la carta a los Corintios, manifiesta la profunda necesidad que siente de transmitir el evangelio. Escuchemos atentos este mensaje de salvación. 

Liturgia de las Horas: Tomo III – Salterio 2ª semana

Santos FRANCISCO DE SALES ob dc,
Bábila ob y co mrs, Feliciano ob

DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

Papa Francisco: La relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad. Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura, «pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables. San Jerónimo escribió con verdad: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo» (In ls., Prólogo: PL 24,17). Tras la conclusión del Jubileo extraordinario de la misericordia, pedí que se pensara en «un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante.de Dios con su pueblo» (Carta ap. "Misericordia et misera", 7). Dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable. Actualmente se ha convertido en una práctica común vivir momentos en los que la comunidad cristiana se centra en el gran valor que la Palabra de Dios ocupa en su existencia cotidiana. En las diferentes Iglesias locales hay una gran cantidad de iniciativas que hacen cada vez más accesible la Sagrada Escritura a los creyentes, para que se sientan agradecidos por un don tan grande, con el compromiso de vivirlo cada día y la responsabilidad de testimoniarlo con coherencia. Es bueno que nunca falte en la vida de nuestro pueblo esta relación decisiva con la Palabra viva que el Señor nunca se cansa de dirigir a su Esposa, para que pueda crecer en el amor y en el testimonio de fe. Así pues, establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación dela Palabra de Dios. Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. Celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica, a los que se ponen en actitud de escucha, el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad. Las comunidades encontrarán el modo de vivir este Domingo como un día solemne. En cualquier caso, será importante que en la celebración eucarística se entronice el texto sagrado, a fin de hacer evidente a la asamblea el valor normativo que tiene la Palabra de Dios. En este domingo, de manera especial, será útil destacar su proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el aprecio que se hace a la Palabra del Señor. Que el domingo dedicado a la Palabra haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura, como el autor sagrado lo enseñaba ya en tiempos antiguos: esta Palabra «está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas» (Dt 30,14). (30-9-2019. Inicio del 1600 aniversario de la muerte de san Jerónimo).

Monición única para todas las lecturas

Las lecturas de este domingo reiteran de algún modo lo que ya dijeron las del domingo pasado. Hablan de llamada y conversión. En la primera, Dios llama al profeta Jonás cuya predicación provoca la conversión de los ninivitas. En el evangelio Jesús también pide conversión para entrar en el Reino de Dios que está llegando. Los discípulos que él llama serán los primeros en responder a esa invitación. Pablo, en la segunda lectura, urge a no desaprovechar el momento presente para revisar la propia escala de valores. Escuchemos atentamente. 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: —«Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo». Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: —«¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!». Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Palabra de Dios. 

17 enero de 2021

Liturgia de las Horas: Tomo III – Salterio 2ª semana

Santos ANTONIO (ANTÓN) ab
Rosalina rl, Sulpicio ob

JORNADA MUNDIAL DE LAS MIGRACIONES

Papa Francisco: Como en la fiesta de la Epifanía y en la del Bautismo de Jesús, la página del Evangelio de hoy propone también el tema de la manifestación del Señor. Esta vez, es Juan Bautista quien lo señala a sus discípulos como "el Cordero de Dios" invitándolos a seguirlo. Y así es para nosotros: Aquel a quien hemos contemplado en el misterio de la Navidad, estamos ahora llamados a seguirlo en la vida cotidiana. Por lo tanto, el Evangelio de hoy nos introduce perfectamente en el tiempo litúrgico ordinario, un tiempo que sirve para animar y verificar nuestro camino de fe en la vida habitual, en una dinámica que se mueve entre Epifanía y seguimiento, entre manifestación y vocación. El relato del Evangelio indica las características esenciales de[ itinerario de fe, que es el itinerario de los discípulos de todos los tiempos, también del nuestro, a partir de la pregunta que Jesús dirige a los discípulos que comienzan a seguirle: "¿Qué buscáis?" 1. Cada uno de nosotros, como ser humano, está en búsqueda: búsqueda de felicidad, búsqueda de amor, de una vida buena y plena. Dios Padre nos ha dado todo esto en su Hijo Jesús. 2. En esta búsqueda, es fundamental el papel de un verdadero testigo: de una persona que ha hecho antes el camino y ha encontrado al Señor. En el Evangelio, Juan Bautista es ese testigo. Por eso pudo orientar a sus discípulos hacia Jesús, que los involucra en una nueva experiencia diciendo: "Venid y veréis". 3. Y aquellos dos no pudieron olvidar la belleza de este encuentro, hasta el punto que el Evangelista anota incluso la hora: "Eran alrededor de las cuatro de la tarde". Solo un encuentro personal con Jesús genera un camino de fe y de discipulado, que, en esa hora que Dios conoce, puede dar un sentido pleno a nuestra vida y hacer fecundos nuestros proyectos y nuestras iniciativas. 4. Es necesario ir en busca del Maestro Divino e ir adonde vive. La pregunta de los dos discípulos a Jesús, "¿Dónde vives?", tiene un sentido espiritual fuerte: expresa el deseo de saber dónde vive el Maestro. La vida de fe consiste en el deseo de estar con el Señor, reavivando el encuentro con Jesús en la oración, en la meditación de la Palabra de Dios y frecuentando los sacramentos para estar con él y dar fruto gracias a él, a su ayuda, a su grada. Buscar a Jesús, encontrar a Jesús, seguir a Jesús: este es el camino (14-1-2018).

Santos Gregorio de Nisa ob,
Miltiades pp, Guillermo ob. 

Beatos Ana de los Ángeles vg, Gonzalo pb

Papa Francisco: La celebración del Bautismo del Señor concluye hoy el tiempo de Navidad y nos Invita a pensar en nuestro bautismo. 1. Jesús quiso recibir el bautismo predicado y administrado por Juan el Bautista en el Jordán. Era un bautismo de penitencia: los que se acercaban manifestaban el deseo de ser purificados de los pecados y, con la ayuda de Dios, se comprometían a comenzar una nueva vida. Entendemos así la gran humildad de Jesús, el que no había pecado, poniéndose en fila con los penitentes, mezclado entre ellos para ser bautizado en las aguas del río. ¡Cuánta humildad tiene Jesús! Y al hacerlo, manifestó lo que hemos celebrado en Navidad: la disponibilidad de Jesús para sumergirse en el río de la humanidad, para asumir las deficiencias y debilidades de los hombres, para compartir su deseo de liberación y superación de todo lo que aleja de Dios y hace extraños a los hermanos. 2. El Evangelio de hoy subraya que Jesús, «apenas salió del agua vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma». El Espíritu Santo desciende en plenitud sobre Jesús para darle la fortaleza de cumplir su misión en el mundo. El Espíritu es el artífice del bautismo de Jesús y también de nuestro bautismo. Él nos abre los ojos del corazón a la verdad, a toda la verdad. Empuja nuestra vida por el sendero de la caridad. Él es el don que el Padre ha dado a cada uno de nosotros el día de nuestro bautismo. Él, el Espíritu, nos transmite la ternura del perdón divino. Y siempre es él, el Espíritu Santo, quien hace resonar la reveladora Palabra del Padre: «Tú eres mi Hijo». 3. La fiesta del bautismo de Jesús invita a cada cristiano a recordar su bautismo. ¿Sabéis la fecha de vuestro bautismo? Si no sabéis la fecha o la habéis olvidado, al volver a casa, preguntádselo a vuestra madre, a la abuela, al tío, a la tía, al padrino... Y de esa fecha tenemos que acordarnos siempre, porque es una fecha de fiesta, es la fecha en la que el Padre nos dio al Espíritu Santo que nos impulsa a caminar, es la fecha del gran perdón. No lo olvidéis: ¿cuál es mi fecha de bautismo? (7-1-2018).

Monición única para todas las lecturas

Estamos celebrando la Fiesta del Bautismo del Señor, y todas las lecturas de hoy están escogidas para ayudarnos a comprender el significado de este acontecimiento y descubrir, más allá de las apariencias, que Jesús es el Hijo amado de Dios, ungido por la fuerza de su Espíritu para una misión de salvación. Con mucha atención escuchemos esta Buena Nueva.

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas».

(20 de diciembre de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo I – Salterio 4ª semana

Santos: Domingo de Silos ab,

Ceferino pp, Ursicino er.

 Papa Francisco: En este domingo que precede inmediatamente la Navidad, escuchamos el Evangelio de la Anunciación. El ángel dice a María: "No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios; concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y se llamará Hijo del Altísimo...". No es posible concebir una dignidad más alta que esta. La respuesta de María es una frase breve que no habla de gloria, no habla de privilegio, sino solo de disponibilidad y de servicio: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». María no se exalta frente a la perspectiva de convertirse incluso en la madre del Mesías, sino que permanece modesta y expresa la propia adhesión al proyecto del Señor. María no presume, es humilde, es modesta, reconoce ser pequeña delante de Dios. Y es consciente de que de su respuesta depende la realización del proyecto de Dios, y que portanto Ella está llamada a adherirse con todo su ser. En esta circunstancia, María se presenta con una actitud que corresponde perfectamente a la del Hijo de Dios cuando viene en el mundo: Él quiere convertirse en el Siervo del Señor, ponerse al servicio de la humanidad para cumplir el proyecto del Padre. María dice: «He aquí la esclava del Señor»; y el Hijo de Dios, entrando en el mundo dice: «He aquí que vengo [...] a hacer, oh Dios, tu voluntad» (Hebreos 10, 7- 9). La actitud de María refleja plenamente esta declaración del Hijo de Dios, que se convierte también en hijo de María. Así la Virgen se revela colaboradora perfecta del proyecto de Dios, y se revela también discípula de su Hijo (24-12-2017).

(6 de diciembre de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo I salterios 2ª semana

Santos NICOLÁS ob, Pedro Pascual ob mr,
Carmen M.ª Salles vg

Papa Francisco: Hoy, segundo domingo de Adviento, la liturgia nos indica los contenidos propios: es un tiempo para reconocer los vacíos que colmar en nuestra vida, para allanar las asperezas del orgullo y dejar espacio a Jesús que viene. El profeta Isaías, primera lectura, se dirige al pueblo anunciando el final del exilio en Babilonia y el regreso a Jerusalén. Él profetiza: «Una voz clama: "En el desierto preparadle un camino al Señor. [...]. Que los valles se levanten"» (40,3). Los valles para elevar representan todos los vacíos de nuestro comportamiento ante Dios, todos nuestros pecados de omisión. Un vacío en nuestra vida puede ser el hecho de que no rezamos o rezamos poco. El Adviento es momento favorable para rezar con más intensidad, para reservar a la vida espiritual el puesto importante que le corresponde. Otro vacío podría ser la falta de caridad hacia el prójimo, sobre todo, hacia las personas más necesitadas de ayuda no solo material, sino también espiritual. Estamos llamados a prestar más atención a las necesidades de los otros. Como Juan Bautista, podemos abrir caminos de esperanza en el desierto de los corazones áridos de tantas personas. "Que los montes y colinas se abajen", exhorta aún Isaías. Los montes y colinas son el orgullo, la soberbia, la prepotencia. Donde hay orgullo, prepotencia, soberbia no puede entrar el Señor porque ese corazón está lleno. Hemos de asumir actitudes de mansedumbre y de humildad, sin gritar, escuchar, hablar con mansedumbre y así preparar la venida de nuestro Salvador, que es manso y humilde de corazón. Hemos de eliminar los obstáculos que ponemos a nuestra unión con el Señor: "¡Que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale! Se revelará la gloria del Señor y la verán todos juntos". Estas acciones se hacen con alegría, porque están encaminadas a la preparación de la llegada de Jesús. Esperarlo cada día con diligencia, para ser colmados de su gracia cuando venga. El Salvador que esperamos es capaz de transformar nuestra vida con su gracia, con la fuerza del Espíritu Santo, con la fuerza del amor (10-12-2017).

Monición única para todas las lecturas

En este segundo domingo continuamos viviendo el Adviento en clave de “preparación”. La creación entera se prepara para la venida del Señor en Isaías. Y en el evangelio, Juan Bautista anuncia al que es fuerte y trae el Espíritu. Mientras llega el día del Señor, el día en que veremos el cielo nuevo y la tierra nueva, la Iglesia recuerda con la carta de Pedro la paciencia de Dios y la necesidad de prepararse para ese encuentro viviendo en paz con él. Atentos escuchemos esta Palabra. 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 40, 1-5. 9-11

«Consolad, consolad a mi pueblo, —dice vuestro Dios—; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por su pecados». Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos —ha hablado la boca del Señor—». Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres».