Agenda

07 Dic 2019
17:00
Fatima
07 Dic 2019
17:30
Ermita de Fátima Eucaristia Sabados
07 Dic 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
08 Dic 2019
10:30
Eucaristía -Virgen de la Cabeza
08 Dic 2019
12:30
Eucaristía Domingos Santo Cristo
08 Dic 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
09 Dic 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
10 Dic 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
11 Dic 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
12 Dic 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo

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Liturgia de las Horas Tomo I - Salterio 1ª semana

Santos Nahún prof, Florencia vg,
Eligió ob, Edmundo, Radulfo y Alejandro pbs mrs.

Beatos Juan de Vercelli pb, Carlos de Foucaüld pb

NUEVO AÑO LITUGICO. CICLO, A

TIEMPO DE ADVIENTO

Papa Francisco: Hoy la Iglesia inicia un nuevo año litúrgico, es decir, un nuevo camino de fe del pueblo de Dios, que iniciamos con el Adviento. La página del Evangelio nos presenta uno de los temas más sugestivos del tiempo de Adviento: la visita del Señor a la humanidad. La primera visita se produjo con el nacimiento de Jesús en la gruta de Belén; la segunda sucede en el presente: el Señor nos visita continuamente cada día, camina a nuestro lado y es una presencia de consolación; y para concluir estará la tercera y última visita, que profesamos cada vez que recitamos el Credo: «De nuevo vendrá en la gloria para juzgar a vivos y a muertos». El Señor hoy nos habla de esta última visita suya, al final de los tiempos. La palabra de Dios hace resaltar el contraste entre el desarrollo normal de las cosas, la rutina cotidiana, y la venida repentina del Señor. El Evangelio quiere, no darnos miedo, sino abrir nuestro horizonte a la dimensión ulterior, más grande, que por una parte relativiza las cosas de cada día, pero al mismo tiempo las hace preciosas, decisivas. La relación con el Dios que viene a visitarnos da a cada gesto, a cada cosa, una luz diversa, una profundidad, un valor simbólico. Desde esta perspectiva llega también una invitación a la sobriedad, a no ser dominados por las cosas de este mundo, por las realidades materiales, sino más bien a gobernarlas. Es una invitación a la vigilancia, porque, no sabiendo cuándo vendrá Él, es necesario estar preparados siempre para partir. En este tiempo de Adviento estamos llamados a ensanchar los horizontes de nuestro corazón, a dejarnos sorprender por la vida que se presenta cada día con sus novedades (27-11-2016).

(24 de noviembre de 2019)

Santos ANDRÉS DUNG-LAC pb y co mrs,

Crisógono mr, Flora y María vgs mrs,
Mateo Alonso y co mrs

Papa Francisco: La solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo corona el año litúrgico. El Evangelio presenta la realeza de Jesús en el culmen de su obra de salvación, y lo hace de una manera sorprendente. El Mesías de Dios, el Elegido, el Rey» se muestra sin poder y sin gloria: está en la cruz, donde parece más un vencido que un vencedor. Su realeza es paradójica: su trono es la cruz; su corona es de espinas; no tiene cetro, pero le ponen una caña en la mano; no viste suntuosamente, pero es privado de la túnica; no tiene anillos deslumbrantes en los dedos, pero sus manos están traspasadas por los clavos; no posee un tesoro, pero es vendido por treinta monedas. Verdaderamente el reino de Jesús no es de este mundo, pero justamente es aquí donde encontramos la redención y el perdón. Porque la grandeza de su reino no es el poder según el mundo, sino el amor de Dios, un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas. Por este amor, Cristo se abajó hasta nosotros, vivió nuestra miseria humana, probó nuestra condición más ínfima: la injusticia, la traición, el abandono; experimentó la muerte, el sepulcro, los infiernos. De esta forma nuestro Rey fue incluso hasta los confines del Universo para abrazar y salvar a todo viviente (20-11.2016).

Monición para todas las lecturas

En consonancia con la fiesta que celebramos, las lecturas de este domingo giran en torno a la figura del rey. En el pasaje del libro de Samuel, David es ungido por los ancianos del pueblo. Los discípulos de Jesús supieron reconocerle como el Cristo (el ungido), como el sucesor esperado de aquel gran rey de Israel. Así lo presenta el evangelio de Lucas, pero su entronización no tendrá lugar en un palacio, sino en la cruz. El autor de la carta a los Colosenses, mediante un precioso himno, exalta a Cristo como rey de todo el universo según el designio amoroso de Dios. Escuchemos con mucha atención.

(17 de noviembre de 2019)

Liturgia de las Horas: Tomo IV - Salterio 1ª semana

Santos ISABEL DE HUNGRIA re mf,
Acisclo tnr, Aniano ob, Hugo ob, Hilda ab,
Filipina Duchesne rl, Juan del Castillo pb mr

JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Monición para todas las lecturas

Las lecturas de hoy nos recuerdan que la historia de la salvación llegará un día a su fin. El profeta Malaquías evoca el juicio definitivo de Dios, que puede ser condenatorio o salvador. El salmista nos dice que Dios llega a nosotros trayendo en sus manos la salvación y la victoria. Y el evangelio, con la probable referencia a la destrucción de Jerusalén en el año 70, nos invita a mantenernos fieles al mensaje en cualquier momento de nuestra existencia, por difícil y doloroso que pueda ser. Escuchemos con mucha atención.

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Malaquías 3, 19-20a

Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir —dice el Señor de los ejércitos—, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.

(10 de noviembre de 2019)

Tomo IV - Salterio 4ª semana

Santos LEÓN MAGNO pp dc,
Orestes mr, Andrés Avelino pb

DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

Papa Francisco: Para poner a Jesús en dificultad y ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos, los saduceos -que no creían en la resurrección de los muertos- parten de un caso imaginario: «Una mujer tuvo siete maridos, que murieron uno tras otro», y preguntan a Jesús: «¿De cuál de ellos será esposa esa mujer después de su muerte?». Jesús, siempre apacible y paciente, en primer lugar responde que la vida después de la muerte no tiene los mismos parámetros de la vida terrena. La vida eterna es otra vida, en otra dimensión donde, entre otras cosas, ya no existirá el matrimonio, que está vinculado a nuestra existencia en este mundo. Los resucitados serán como los ángeles, y vivirán en un estado diverso. Pero luego Jesús, por decirlo así, pasa al contraataque. Y lo hace citando la Sagrada Escritura, con una sencillez y una originalidad que nos dejan llenos de admiración por nuestro Maestro, el único Maestro. La prueba de la resurrección Jesús la encuentra en el episodio de Moisés y de la zarza ardiente, allí donde Dios se revela como el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. El nombre de Dios está relacionado con los nombres de los hombres y las mujeres con quienes Él se vincula, y este vínculo es más fuerte que la muerte. Y nosotros podemos decir también de la relación de Dios con nosotros, con cada uno de nosotros: ¡Él es nuestro Dios! Como si Él llevase nuestro nombre. A Él le gusta decirlo, y esta es la alianza. He aquí por qué Jesús afirma: «No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para Él todos están vivos». Y este es el vínculo decisivo, la alianza fundamental, la alianza con Jesús: Él mismo es la Alianza, Él mismo es la Vida y la Resurrección, porque con su amor crucificado venció la muerte. Jesús le da un giro a la perspectiva humana y afirma que nuestra peregrinación va de la muerte a la vida: la vida plena (10-11-2013).

Monición para todas las lecturas

Las lecturas de hoy nos colocan ante el hecho universal de la muerte, pero nos llenan de consuelo y esperanza en la gloriosa resurrección. Porque Dios no nos ha creado para la muerte, sino para la vida. La muerte no tiene la última palabra; por eso no hay que tenerle miedo a morir en manos de los hombres, como lo relata la primera lectura, pues al despertar nos saciaremos de la presencia de Dios, como lo proclamaremos en el salmo. Jesús nos confirma en el Evangelio de hoy esta gran verdad. Escuchemos atentos.

(1 de noviembre 2019)

Papa Francisco: La solemnidad de Todos los Santos es «nuestra» fiesta: no porque nosotros seamos buenos, sino porque la santidad de Dios ha tocado nuestra vida. Los santos no son figuritas perfectas, sino personas atravesadas por Dios. Podemos compararlas con las vidrieras de las iglesias, que dejan entrar la luz en persas tonalidades de color. Los santos son nuestros hermanos y hermanas que han recibido la luz de Dios en su corazón y la han transmitido al mundo, cada uno según su propia «tonalidad», Pero todos han sido transparentes, han luchado por quitar las manchas y la oscuridad del pecado, para hacer pasar la luz afectuosa de Dios (1-11-2017).

Monición única para todas las lecturas

 Escucharemos el relato de las bienaventuranzas, camino a seguir para poder triunfar y formar parte del pueblo victorioso que nos narra el apocalipsis, llegando a ser semejantes a Dios, a quien veremos tal cual es, según lo describe San Juan en su carta. Escuchemos atentamente.

 PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: —«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: —«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!». Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: —«Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén». Y uno de los ancianos me dijo: —«Ésos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?». Yo le respondí: —«Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió. —«Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 23

Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R.

(3 de noviembre de 2019)

Liturgia de las Horas: Tomo IV - Salterio 3ª semana

Santos MARTÍN DE PORRES rl, Pedro Almató pb mr, Germán, Silvia mf,
Beato Manuel Lozano (Lolo)

Papa Francisco: En Jericó tiene lugar uno de los acontecimientos más gozosos narrados por san Lucas: la conversión de Zaqueo. Siendo pequeño de estatura. Zaqueo se trepa a un árbol, para poder ver al Maestro que pasa. Este gesto exterior, un poco ridículo, expresa sin embargo el acto interior del hombre que busca tener un contacto con Jesús. Jesús, cuando se acerca a ese árbol, lo llama por su nombre: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa» (Le 19, 5). Su nombre tiene un hermoso significado lleno de alusiones: «Zaqueo», en efecto, quiere decir «Dios recuerda». Y Jesús va a la casa de Zaqueo, suscitando las críticas: ¿Cómo? Con todas las buenas personas que hay en la ciudad, ¿va a estar precisamente con ese publicano? Jesús dice: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán». En la casa de Zaqueo, desde ese día, entró la alegría, entró la paz, entró la salvación, entró Jesús. Y yo te digo a ti: si tienes un peso en tu conciencia, si tienes vergüenza por tantas cosas que has cometido, no te asustes. Piensa que alguien te espera porque nunca dejó de recordarte: es tu Padre, es Dios quien te espera. Trepa, como hizo Zaqueo, sube al árbol del deseo de ser perdonado; yo te aseguro que no quedarás decepcionado. Jesús es misericordioso y jamás se cansa de perdonar (30-10-2016).

Monición para todas las lecturas

Amor, fidelidad, compasión, ternura y, en última instancia, salvación son palabras clave con las que las lecturas de hoy describen las relaciones entre Dios y el ser humano. El pasaje del libro de la Sabiduría nos muestra a Dios como “amigo de la vida”, con lo que nos reconforta y llena de esperanza. El salmista, por su parte, proclama a Dios como rey y Señor, pero deja bien claro que esa realeza y ese señorío radican esencialmente en su amor y su fidelidad a las criaturas. En el Evangelio de hoy Jesús, el Hijo, encarna en su persona el amor y la fidelidad del Padre.

2 Noviembre de 2019

 Papa Francisco: Palabras de Job: «Yo sé que mi Defensor está vivo y que él, el último, se levantará sobre el polvo». Es bello pensar que la muerte del cuerpo es como un sueño del que Jesús mismo nos despertará. La tradición de la Iglesia ha exhortado siempre a rezar por los fieles difuntos, ofreciendo por ellos la celebración eucarística, que es la mejor ayuda espiritual que podemos ofrecer a las almas, particularmente a las más abandonadas. El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son el testimonio de la confiada esperanza radicada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, porque el hombre está destinado a una vida sin límites que tiene su raíz y su fin en Dios (2-11-2017: Cementerio de guerra en Roma).

 PRIMERA LECTURA

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 17-26: 

La Iglesia Parroquial del Cristo de la Misericordias permanecerá cerrada por obras desde el día 21 de octubre hasta el viernes día 25. (Si las obras hubieran terminado)

Por lo que la misa diaria de las 19,30 horas se celebrara a la misma hora en la Capilla de la Virgen de Fátima C/ Norte.

El viernes día 25 una vez finalizadas las obras, la misa de 19,30 volverá a celebrarse en el Templo Parroquial del Santo Cristo.

27 de octubre de 2019)

               Liturgia de las Horas: Tomo IV - Salterio 2ª semana

Santos Evaristo pp, Gaudioso ob,
Vicente, Sabina y Cristeta mrs

 

Papa Francisco: El fariseo reza a Dios, pero en realidad se mira a sí mismo. ¡Reza a sí mismo! En lugar de tener ante sus ojos al Señor, tiene un espejo. Encontrándose incluso en el templo, no siente la necesidad de postrarse ante la majestad de Dios; está de pie, se siente seguro, casi como si fuese él el dueño del templo, el enumera las buenas obras realizadas: es irreprensible, observante de la Ley más de lo debido, ayuna «dos veces por semana» y paga el «diezmo» de todo lo que posee. En definitiva, más que rezar, el fariseo se complace de la propia observancia de los preceptos. ¿Se puede rezar con arrogancia? No. ¿Se puede rezar con hipocresía? No. Solamente debemos orar poniéndonos ante Dios así como somos. No como el fariseo que rezaba con arrogancia e hipocresía. El publicano en cambio —el otro— se presenta en el templo con espíritu humilde y arrepentido: «manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho». Su oración es muy breve, no es tan larga como la del fariseo: «¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!». Nada más. Hermosa oración! Su oración es esencial Se comporta como alguien humilde, seguro solo de ser un pecador necesitado de piedad. Si el fariseo no pedía nada porque ya lo tenía todo, el publicano solo puede mendigar la misericordia de Dios. Y esto es hermoso: mendigar la misericordia de Dios. Presentándose «con las manos vacías», con el corazón desnudo y reconociéndose pecador, el publicano muestra a todos nosotros la condición necesaria para recibir el perdón del Señor. Al final, precisamente él, así despreciado, se convierte en imagen del verdadero creyente (1-6-2016).

PRIMERA LECTURA

Monición para todas las lecturas

La oración es el tema central de las lecturas de hoy. Los textos coinciden en que el Señor no hace oídos sordos a la oración de los humildes. En el pasaje del libro del Eclesiástico, Dios atiende los gritos del pobre, del oprimido, del huérfano o de la viuda. Igual leemos en el salmo. San Pablo da gloria a Dios que siempre le ha escuchado y de quien espera su corona. Y en el evangelio, Jesús prefiere la sencilla oración del publicano antes que la palabrería orgullosa del fariseo. Con humildad y sencillez dispongámonos a escuchar esta Palabra.