Agenda

18 Sep 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
19 Sep 2020
17:00
Fatima
25 Sep 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
26 Sep 2020
17:00
Fatima
02 Oct 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
03 Oct 2020
17:00
Fatima
09 Oct 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
10 Oct 2020
17:00
Fatima
16 Oct 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
17 Oct 2020
17:00
Fatima

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(13 de septiembre de 2020)

          Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio IV semana

Santos JUAN CRISOSTOMO, ob, dc

Julián pr mr, Marcelino mr

Ntra. Sra. De la Fuensanta (Murcia)

(6 de septiembre de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 3ª semana

Santos Zacarías prof. Onesiforo NT

Bega mj.  Ntra. Sra. de Guadalupe (España)

 Papa Francisco: El Señor nos pide siempre dar un paso decidido y seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensión de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar. Solo si ayudamos a desatar los nudos de la violencia, desenredaremos la compleja madeja de los desencuentros: se nos pide dar el paso, atrevernos a una corrección que no quiere expulsar sino integrar; ser caritativamente firmes en lo que no es negociable; construir la paz, y levantar juntos los ojos al cielo. Él es capaz de desatar aquello que para nosotros parece imposible, El nos prometió acompañarnos hasta el fin de los tiempos, y Él no va a dejar estéril tanto esfuerzo (10-9-2017).

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 2

Juana Jugan vg. Félix y Adauto mrs. Margarita Ward mr.

Beato Alfredo Ildefonso Schster ob

Monición de entrada 

Queridos hermanos, nos encontramos reunidos en la casa de Dios porque nuestra alma tiene sed del Dios vivo. La Palabra de Dios nos instruye cada domingo, y hoy nos exhorta a seguir al Señor, cargando con nuestra propia cruz. Con esa invitación que Dios dirige a cada uno de nosotros, nos disponemos a celebrar dignamente estos misterios, de pie, cantando juntos...

Monición única para todas las lecturas

La liturgia de hoy comienza presentándonos la confesión de Jeremías ante el peso de anunciar la Palabra de Dios. Pablo nos pide que sepamos discernir bien la voluntad de Dios, y Jesús nos advierte que para seguirle hay que tomar su cruz y no tener miedo a nada. por eso proclamaremos con el salmo: "Tu gracia vale más que la vida". Atentos, porque esta Palabra va dirigida hoy a nosotros. 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción». La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía.

 Liturgia de las Horas:  Tomo IV – Salterio 1ª semana

Santos ROSA DE LIMA vg

Eugenio ob, Abundio e Irene mrs

 Papa Francisco: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». La respuesta proviene del corazón de Simón Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Quizá él no había estudiado en la escuela, y es capaz de decir estas palabras, ¡más fuertes que él! Pero están inspiradas por el Padre celeste, el cual revela al primero de los Doce la verdadera identidad de Jesús: Él es el Mesías, el Hijo enviado por Dios para salvar a la humanidad. Y de esta respuesta, Jesús entiende que, gracias a la fe dada por el Padre, hay un fundamento sólido sobre el cual puede construir su comunidad, su Iglesia. Por eso dice a Simón: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». También con nosotros, hoy, Jesús quiere continuar construyendo su Iglesia, esta casa con fundamento sólido, pero donde no faltan las grietas, y que continuamente necesita ser reparada. Siempre. Nosotros ciertamente no nos sentimos rocas, sino solo pequeñas piedras. Aun así, ninguna pequeña piedra es inútil, es más, en las manos de Jesús la piedra más pequeña se convierte en preciosa, porque Él la recoge, la mira con gran ternura, la trabaja con su Espíritu, y la coloca en el lugar justo, que Él desde siempre ha pensado y donde puede ser más útil a toda la construcción (27-8-2017). Por intercesión de santa Rosa de Lima, cuya memoria celebramos hoy, pidamos a la Virgen María que aun en medio de las dificultades y oscuridades de la vida mantengamos encendida la luz de la esperanza, la certeza de que Dios es nuestro Padre y nunca nos abandona. Que el Señor os bendiga (23-8-2017).

Monición única para todas las lecturas

El profeta Isaías presenta la sustitución de un mayordomo real. El traspaso de poderes está simbolizado, entre otros distintivos, en la entrega de llaves, una imagen que remite al evangelio de Mateo y recuerda la nueva misión que Jesús encarga a Simón Pedro como servidor de su Iglesia. Ante esta decisión del Señor, brota del corazón creyente una oración de alabanza que bien puede ser la que expresa Pablo en la Carta a los Romanos: ”¡Qué insondables sus decisiones!”, y otra de petición que se hace eco del salmo: “No abandones la obra de tus manos”. 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio: «Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo. Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Elcías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá. Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a la casa paterna».

16 de agosto de 2020)

Liturgia de las Horas; Tomo IV – Salterio 2ª semana

Santos ESTEBAN DE HUNGRÍA re,
Roque cf, Teodoro ob

Papa Francisco: El Evangelio de hoy nos presenta a una mujer cananea, una extranjera, que implora a Jesús que cure a su hija la cual "tiene un demonio muy malo". El Señor, en un primer momento, parece no escuchar este grito de dolor. El aparente distanciamiento de Jesús no desanima a esta madre, que insiste en su invocación. Esta fuerza hay que buscarla en su amor materno y en la confianza de que Jesús puede satisfacer su petición. Y esto me hace pensar en la fuerza de las mujeres. Con su fortaleza son capaces de obtener cosas grandes. ¡Hemos conocido muchas! Es el amor lo que mueve la fe, y la fe, por su parte, se convierte en el premio del amor. El amor por su hija la induce a gritar: "¡Ten compasión de mí, Señor,  hijo de David!". Y la fe perseverante en Jesús le consiente no desanimarse ni siquiera ante su inicial rechazo; así la mujer vino a postrarse ante Él y le dijo: "¡Señor, socórreme!". Al final, ante tanta perseverancia, Jesús permanece admirado, casi estupefacto, por la fe de una mujer pagana y accede: «"Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas". Y desde aquel momento quedó curada su hija». Su insistencia es para nosotros estímulo para no desanimarnos, para no desesperar cuando estamos oprimidos por las duras pruebas de la vida. El Señor no se da la vuelta ante nuestras necesidades y, si a veces parece insensible a peticiones de ayuda, es para poner a prueba y robustecer nuestra fe. Nosotros debemos continuar gritando como esta mujer: «¡Señor, ayúdame! ¡Señor ayúdame!». Así, con perseverancia y valor. Y este es el valor que se necesita en la oración (20-8-2017).

Monición única para todas las lecturas

Las lecturas de hoy hablan de la universalidad de la salvación. Mientras el profeta Isaías rompe el particularismo judío y abre la salvación a los extranjeros si guardan el sábado y practican la justicia, Jesús pone como única condición la fe; por eso Pablo nos dirá que todos podemos alcanzar misericordia. Ansiando esta salvación, el creyente reza con la estrofa del salmo: “Conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación en todas las naciones”. Ansiosos de conseguir esa salvación, escuchemos atentos. 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos».

ASUNCIÓN DE LA B IENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

Virgen de la Paloma, de los Reyes,

Santos Tarsicio, Luis Batis, Manuel Morales,

Salvador Lara y David Roldán mrs

Papa Francisco: La Asunción al cielo, en alma y en cuerpo, es un privilegio divino dado a la Santa Madre de Dios por su particular unión con Jesús. Se trata de una unión corporal y espiritual, iniciada desde la Anunciación y madurada en toda la vida de María a través de su participación singular en el misterio del Hijo. María siempre iba con el Hijo: fue su primera discípula. La existencia de la Virgen se desarrolló como la de una mujer común de su tiempo: rezaba, gestionaba la familia y la casa, frecuentaba la sinagoga... Pero cada acción diaria la hacía siempre en unión total con Jesús. Y en el Calvario esta unión alcanzó la cumbre en el amor, en la compasión y en el sufrimiento del corazón. Por eso Dios le dio una participación plena en la resurrección de Jesús. El cuerpo de la Santa Madre fue preservado de la corrupción, como el del Hijo. Estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, alma y cuerpo. Servir a Dios solamente con el cuerpo sería una acción de esclavos; servirlo solo con el alma estaría en contraste con nuestra naturaleza humana. En el año 220, san Ireneo afirmaba que «la gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios». Si hubiéramos vivido así, en el alegre servicio a Dios, que se expresa también en un generoso servicio a los hermanos, nuestro destino, en el día de la resurrección, será como el de nuestra Madre celestial. Entonces se nos dará la oportunidad de realizar plenamente la exhortación del apóstol Pablo: «Glorificad a Dios en vuestro cuerpo» (1 Cor 6,20), para siempre en el cielo (15-8-2018).

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 3ª semana

Santos: TERESA B. DE LA CRUZ vg. mr

Cándida Mª de J.  vg, Román mr,

Beatos Florentino Asensio ob, mr

 Papa Francisco: El Evangelio nos describe hoy el episodio en el que Jesús, después de una noche dedicada a la oración en la ribera del mar de Galilea, se dirige hacia la barca de sus discípulos, caminando sobre el agua. La barca estaba en medio del mar, azotada por un fuerte viento en contra. Cuando los discípulos vieron a Jesús caminando sobre las aguas, creían ver un fantasma y se llenaron de espanto. Pero él los tranquilizó: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pedro, con su ímpetu característico, le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Y Jesús le dijo: «Ven». Pedro se bajó de la barca y se puso a caminar hacia Jesús; pero a causa del viento le entró miedo y notó que se hundía. Entonces gritó: «Señor, sálvame». Jesús le tendió la mano y lo agarró. Este episodio evangélico contiene un rico simbolismo que nos hace reflexionar sobre nuestra fe, personal y comunitariamente. ¿Cómo es la fe de cada uno y la fe de nuestra comunidad? La barca es la vida de cada uno de nosotros y también la vida de la Iglesia; el viento contrario representa las dificultades y las pruebas. La petición y el grito de Pedro se asemejan, tanto a nuestro deseo de sentir la cercanía del Señor como al miedo y la angustia que acompañan los momentos más duros de nuestra vida y de nuestras comunidades, con sus marcadas fragilidades internas y dificultades externas. La Iglesia es una barca que, a lo largo de su travesía, tiene que hacer frente a vientos contrarios y tempestades, que amenazan con hundirla. Lo que la salva no son el coraje y la calidad de sus miembros: la garantía contra el naufragio está en la fe en Cristo y en su palabra. En esta barca estamos seguros, a pesar de nuestras miserias y debilidades, sobre todo cuando nos postramos de rodillas y adoramos al Señor, como los discípulos, que al final se postraron ante él, exclamando: «Realmente eres Hijo de Dios». ¡Qué hermoso es decir a Jesús estas palabras: «Realmente eres Hijo de Dios»! (13-8-2017).

Monición única para todas las lecturas

La salvación está cerca, proclamamos con el salmo 84. Hay que estar atentos, como Elías en la puerta de la cueva, para reconocerlo en el ligero susurro de una brisa suave. Hay que tener los ojos de la fe bien abiertos para no confundir al Señor que se acerca caminando sobre las aguas con un fantasma, como les ocurre a los discípulos en el relato del evangelio. Del mismo modo, Pablo, en la Carta a los Romanos, se siente triste porque su pueblo no ha sabido reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Dispongámonos a escuchar la Palabra, presencia del Señor entre nosotros.

(2 de agosto de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 2ª semana

Santos EUSEBIO ob, PEDRO J. EYNARD pb, 

Pedro Fabro pb, Pedro de Ozma ob. Beata Juana de Aza mf.

Nuestra Señora de los Ángeles

Liturgia de las Horas: Tomo III -  Salterio   1ª semana

Santos JOAQUÍN Y ANA es

Jorge Preca pb. Beato Vicente pb y co mrs

 Papa Francisco: Hoy es la fiesta de santa Ana, a mí me gusta llamarla la abuela de Jesús y hoy es un hermoso día para festejar a las abuelas. Cuando incensaba vi algo hermoso: la estatua de santa Ana no está coronada, la hija, María, está coronada. Y esto es hermoso. Santa Ana es la mujer que preparó a su hija para convertirse en reina, para convertirse en la reina de los cielos y de la tierra. (26-7-2014). Evangelio de hoy: Las dos primeras parábolas (tesoro, perla) subrayan la decisión de vender cualquier cosa para obtener eso que han descubierto. En el primer caso, no siendo el campo de su propiedad debe adquirirlo si quiere poseer el tesoro: por tanto, decide arriesgar todos sus bienes para no perder esa ocasión realmente excepcional. En el segundo caso, un mercader, experto conocedor, ha identificado una perla de gran valor. También él decide apostar todo a esa perla, hasta el punto de vender todas las demás. Estas semejanzas destacan dos características de la posesión del Reino de Dios: la búsqueda y el sacrificio. El Reino de Dios se ofrece a todos —es un don, es un regalo, es una gracia— pero no en un plato de plata, requiere dinamismo: se trata de buscar, caminar, trabajar. 1. La búsqueda es la condición esencial para encontrar; es necesario que el corazón arda en deseos de alcanzar el bien precioso, es decir el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Es Él el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental, que puede dar un giro decisivo a nuestra vida, llenándola de significado. 2. Esto implica también sacrificio, desapegos y renuncias. Cuando el tesoro y la perla son descubiertos: cuando hemos encontrado al Señor, no podemos dejar estéril este descubrimiento, sino sacrificar por ello cualquier otra cosa, subordinándolo todo a Jesús, poniéndolo a Él en el primer lugar. La gracia en el primer lugar. El discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial; es uno que ha encontrado mucho más: ha encontrado la alegría plena que solo el Señor puede dar. Es la alegría evangélica de los enfermos sanados; de los pecadores perdonados; del ladrón al que se le abre la puerta al paraíso. La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de aquellos que se encuentran con Jesús. Los que se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría (30-7-2017).

Monición única para todas las lecturas

El libro de los Reyes nos presenta el inicio del reinado del rey Salomón, muy conocido por su gran sabiduría. El nos lleva a amar los mandatos del Señor porque nos ayudan a vivir más que cualquier otro bien. El sueño de Salomón en Gabaón ilustra las parábolas del tesoro y de la perla que leemos en el evangelio: Jesús nos dice que la verdadera sabiduría es la del que sabe despojarse para adquirir el nuevo modo de ver la realidad que trae el Reino por él inaugurado. Ese tesoro del Reino está dentro de nosotros mismos, pues llevamos marcada la impronta de Dios y estamos destinados, como dice Pablo, a reproducir la imagen de su Hijo, despojándonos del hombre viejo.