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Domingo de Ramos Ciclo B

Liturgia de las Horas: Tomo II – Salterio 2ª semana

Santos Esteban Harding ab

Cástor mr, Gúntram re

Papa Francisco: Jesús entra en la ciudad rodeado de su pueblo, entre cantos gritos bulliciosos. Podemos imaginar que es la voz del hijo perdonado, la del leproso sanado o el balar de la oveja perdida, que resuenan a la vez con fuerza en esa entrada triunfal. Es el canto del publicano y del impuro; es el grito del que vivía en los márgenes de la ciudad. Es el grito de hombres y mujeres que lo han seguido porque experimentaron su compasión ante su dolor y su miseria... Es el canto y la alegra espontánea de tantos postergados que tocados por Jesús pueden gritar: «Bendito el que llega en nombre del Señor». ¿Cómo no alabar a Aquel que les había devuelto la dignidad: y la esperanza? Es la alegría de tantos pecadores perdonados que volvieron a confiar a esperar. Y estos gritan. Se alegran. Es la alegría. Esta alegría y alabanza resulta incómodo y se transforma en sinrazón escandalosa para aquellos que se consideran a sí mismo; justos y «fieles» a la ley y a los preceptos rituales. Alegría insoportable para quienes han bloqueado la sensibilidad ante el dolor, el sufrimiento y la miseria. Muchos de estos piensan: «¡Mira qué pueblo más maleducado!». Alegría intolerable para quienes perdieron la memoria y se olvidaron de tantas oportunidades recibidas. ¡Qué difícil es comprende la alegría y la fiesta de la misericordia de Dios para quien quiere justificarse a sí mismo y acomodarse! ¡Qué difícil es poder compartir esta alegría para quienes solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros! Y así nace el grito del que no le tiembla la voz para gritar: «¡Crucifícalo!». No es un grito espontáneo, sino el grito armado, producido, que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio. Es el grito que nace cuando se pasa del hecho a lo que se cuenta, nace de lo que se cuenta. Es la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en «manchar» a otros para salirse con la suya (25-3-2018).

Procesión de las palmas

Ambientación:

Queridos hermanos: Durante toda la cuaresma nos hemos estado preparando con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad para vivir mejor la Pascua. Hoy nos reunimos para iniciar, unidos con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, que empezaron con la entrada de Jesús a Jerusalén. Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada triunfal a la ciudad santa, para que también podamos participar un día de su gloriosa resurrección y de su vida.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 11, 1-10

Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: —«Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita y lo devolverá pronto”». Fueron y encontraron el borrico en la calle, atado a una puerta, y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron: —«¿Por qué tenéis que desatar el borrico?». Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron. Llevaron el borrico, le echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás gritaban: —«Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. ¡Hosanna en el cielo!».

Palabra del Señor.

Monición única para todas las lecturas

Las lecturas de este domingo van a poner ante nuestros ojos al Mesías sufriente. El Siervo de Yahvé del que habla Isaías es presentado lleno de golpes y ultrajes. En el himno de la carta a los Filipenses, Cristo se despoja de su rango divino y se hace uno de tantos. En el pasaje de la entrada en Jerusalén, Jesús –Mesías e Hijo de David– monta un borriquillo y no un caballo o un carro de combate como hubiera sido de esperar en un rey guerrero. Escuchemos atentamente.

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido por eso ofrecí el rostro como pedernal, una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he revelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; y sé que no quedaré avergonzado.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 

  1. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere». R. 

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R. 

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía ven corriendo a ayudarme. R. 

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel. R. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Hermanos: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble —en el cielo, en la tierra, en el abismo—, y toda lengua proclame: «¡Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 14, 1—15, 47

  1. C.Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:

S.— «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo».

Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura

  1. C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y lo derramó en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados
  2. S—«¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres».
  3. C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:

+—«Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta».

Prometieron dinero a Judas Iscariote

  1. C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?

  1. C. El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
  2. S—«¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
  3. C. Él envió a dos discípulos, diciéndoles:

+—«Id a la cuidad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?". Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena».

  1. C.Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo

  1. C. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo, dijo Jesús:

+—«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo».

  1. C. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:
  2. S. —«¿Seré yo?».
  3. C. Respondió:

+—«Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!».

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre, sangre de la alianza

  1. C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

+—«Tomad, esto es mi cuerpo».

  1. C. Cogiendo la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:

 +—«Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres

  1. C. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:

+—«Todos vais a caer, como está escrito: "Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas". Pero, cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea».

  1. C. Pedro replicó:
  2. S. —«Aunque todos caigan, yo no».
  3. C. Jesús le contestó:

+—«Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres».

  1. C. Pero él insistía:
  2. S.—«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
  3. C. Y los demás decían lo mismo.

Empezó a sentir terror y angustia

  1. C. Fueron a un huerto, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos:

+—«Se aquí mientras voy a orar».

  1. C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:

+—«Me muero de tristeza; quedaos aquí velando».

  1. C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:

+—«¡Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres».

  1. C. Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:

+—«Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil».

  1. C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo:

+—«Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

Prendedlo y conducidlo bien sujeto

  1. C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
  2. S —«Al que yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo bien sujeto».
  3. C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
  4. S —«¡Maestro!».
  5. C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:

+—«¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras».

  1. C. Y todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto sólo en una sábana, y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.

¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?

  1. C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del palacio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose en pie, daban testimonio contra él, diciendo:
  2. S —«Nosotros le hemos oído decir: "Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres"».
  3. C. Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
  4. S —«¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?».
  5. C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo, preguntándole:
  6. S —«¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?...».
  7. C. Jesús contestó:

+—«Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo».

  1. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo:
  2. —«¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?».
  3. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
  4. —«Haz de profeta».
  5. Y los criados le daban bofetadas.

No conozco a este hombre que decís

  1. C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró y dijo:
  2. S.—«También tú andabas con Jesús, el Nazareno».
  3. C. Él lo negó, diciendo:
  4. S —«Ni sé ni entiendo lo que quieres decir».
  5. C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
  6. S —«Éste es uno de ellos».
  7. C. Y él lo volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro:
  8. S —«Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo».
  9. C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
  10. S —«No conozco a ese hombre que decís».
  11. C. Y en seguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.

¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

  1. C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le pregunto:
  2. S. —«¿Eres tú el rey de los judíos?».
  3. C. Él respondió:

+—«Tú lo dices».

  1. C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato pregunto de nuevo:
  2. S —«¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti».
  3. C. Jesús no contesto más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
  4. S—«¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
  5. C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
  6. S —«¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».
  7. C. Ellos gritaron de nuevo:
  8. —«¡Crucifícalo!».
  9. Pilato les dijo:
  10. S —«Pues, ¿qué mal ha hecho?».
  11. C. Ellos gritaron más fuerte:

S.— «¡Crucifícalo!».

  1. C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado

  1. C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
  2. S —«¡Salve, rey de los judíos!».
  3. C.Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.

Llevaron a Jesús al Gólgota y los crucificaron

  1. C. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar

  1. C.Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
  2. S —«¡Anda!, tú que destruías el templo y lo construías en tres días sálvate a ti mismo bajando de la cruz».
  3. C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
  4. S. —«A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».
  5. C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.

Jesús, dando un fuerte grito, expiró

  1. C. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:

+ —«Eloí, Eloí, lamá sabktaní».

  1. C.Que significa:

+—«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

  1. C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
  2. S. —«Mira, está llamando a Elías».
  3. C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
  4. S —«Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».
  5. C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

* Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

  1. C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

S.—«Realmente este hombre era Hijo de Dios».

  1. C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

José rodó una piedra a la entrada del sepulcro

  1. C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Éste compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra en la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban dónde lo ponían.

Palabra del Señor. 

Oración de los fieles

A cada petición diremos: Venga a nosotros tu reino de paz y  de amor.

  1. Para que nuestra Iglesia sea purificada en la Sangre de Cristo, y Dios nos conceda a todos sus fieles una sincera conversión. 
  2. Para que los poderosos de la tierra aprendan a ser servidores de sus pueblos.  
  3. Por todos los que sufren, los pobres, oprimidos, enfermos, para que reciban el alivio de Cristo, que sufrió por todos.  
  4. Por todos nosotros, para que los acontecimientos celebrados este día nos lleven a una entrega más profunda a Dios y a vivir dignamente esta Semana Santa. 

Oración:

CRISTO JESÚS, comienzan los misterios. Y entre los misterios, el gran misterio de la sinrazón de la masa, que hoy te vitorea como rey y el viernes pedirá a gritos muerte en cruz. Pero el misterio principal es tu obediencia hasta la muerte, tu aceptación de ser un rey crucificado por el amor infinito que me tienes. Al pensar en las gentes que te aclaman hoy, quiero estar entre ellas, pero no seguirlas el viernes pidiendo tu crucifixión ante Pilato. Te doy gracias de corazón y te adoro como mi único Señor y Dios: esta Semana Santa te acompañaré en el Cenáculo, Getsemaní y el Calvario, y contigo espero celebrar tu triunfo sobre el pecado y la muerte, con tu gloriosa Resurrección.