Agenda

03 Abr 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
04 Abr 2020
17:00
Fatima
10 Abr 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
11 Abr 2020
17:00
Fatima
17 Abr 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
18 Abr 2020
17:00
Fatima
24 Abr 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
25 Abr 2020
17:00
Fatima
01 May 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
02 May 2020
17:00
Fatima

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I Domingo de Cuaresma Ciclo A (1 de marzo de 2020)

Santos Félix III pp, Rosendo ob ab

Albino ob, David ob, Suitbert ob

Liturgia de las Horas: Tomo II – Salterio 1ª semana

DÍA DE HISPANOAMÉRICA

Papa Francisco: En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos introduce en el camino hacia la Pascua, mostrando a Jesús que permanece durante cuarenta; días en el desierto, sometido a las tentaciones del diablo. Justo después del bautismo, en el que el Espíritu de Dios ha descendido sobre Él y el Padre del Cielo lo ha declarado: «Este es mi Hijo amado». Jesús ya está preparado para empezar su misión; y ya que esta tiene un enemigo declarado, es decir Satanás, Él lo afronta enseguida, "cuerpo a cuerpo". El diablo hace presión precisamente en el título de "Hijo de Dios" para alejar a Jesús del cumplimiento de su misión: «Si eres Hijo de Dios...», lo repite, y le propone hacer gestos milagrosos —hacer el "mago"— como trasformar las piedras en pan para saciar su hambre, y tirarse abajo desde el muro del templo y hacerse salvar por los ángeles. A estas dos tentaciones, sigue la tercera: adorarle a él, el diablo, para tener el dominio sobre el mundo. Pero las flechas venenosas del diablo son todas "paradas" por Jesús con el escudo de la Palabra de Dios. Jesús no dice ninguna palabra propia: responde solamente con la Palabra de Dios. Y así el Hijo, lleno de la fuerza del Espíritu Santo, sale victorioso del desierto. Durante los cuarenta días de la Cuaresma, como cristianos estamos invitados a seguir las huellas de Jesús y afrontar el combate espiritual contra el maligno con la fuerza de la Palabra de Dios. No con nuestra palabra, no sirve. La Palabra de Dios: esa tiene la fuerza para derrotar a Satanás. Por esto es necesario familiarizarse con la Biblia. Alguno ha dicho: ¿Qué sucedería si usáramos la Biblia como tratamos nuestro móvil? ¿Si la llevásemos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de bolsillo?; si volviésemos atrás cuando la olvidamos: tú te olvidas el móvil —¡oh! —, no lo tengo, vuelvo atrás a buscarlo; si la abriéramos varias veces al día; si leyéramos los mensajes de Dios contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del teléfono, ¿qué sucedería? La comparación es paradójica, pero hace reflexionar. De hecho, si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría hacer que nos desviáramos del camino del bien (5-3-2017).

Monición única para todas las lecturas

Nos disponemos ahora, hermanos, a la escucha de la Palabra de Dios que nos ofrece la liturgia de este día. Las tres lecturas de hoy tienen un mensaje bastante unitario: su tono está en la tentación, en la presencia del mal en nuestra existencia y en la lucha que pide para que lleguemos preparados a la Pascua. Con atención escuchemos...

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: —«¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?». La mujer respondió a la serpiente:—«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte"». La serpiente replicó a la mujer: —«No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal». La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó el fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 50

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. nEn resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Palabra de Dios. 

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: —«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó, diciendo: —«Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"». Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: —«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras"». Jesús le dijo: —«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"». Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: —«Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: —«Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto"». Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

  1. Por nuestra Santa Madre Iglesia, para que no se siga manteniendo firme ante las tentaciones de los poderes terrenales. Oremos.
  2. Por los gobiernos del mundo, para que el afán de poder y dominio no les lleve a pisotear la dignidad del hombre. Oremos.
  3. Por los más desprotegidos de la sociedad, para que el pan de la palabra reavive en ellos las esperanzas de un futuro mejor. Oremos.
  4. Por nosotros aquí reunidos, para que después de haber escuchado el Evangelio de hoy se nos despierte el hambre de la Palabra de Dios. Oremos.