Agenda

20 Mar 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
21 Mar 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
22 Mar 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
22 Mar 2019
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
23 Mar 2019
17:30
Ermita de Fátima Eucaristia Sabados
23 Mar 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
24 Mar 2019
10:30
Eucaristía -Virgen de la Cabeza
24 Mar 2019
12:30
Eucaristía Domingos Santo Cristo
24 Mar 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
25 Mar 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo

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II Domingo de Adviento Ciclo C (9 diciembre de 2018)

Tomo I. Salterio 2ª Semana

Santos JUAN DIEGO cf, Leocadia mr,

Siró ob, Pedro Fourier pb

Papa Francisco: En este segundo domingo de Adviento, la liturgia nos pone en la escuela de Juan el Bautista, que predicaba «un bautismo de conversión para perdón de los pecados». Y quizá nosotros nos preguntamos: «¿Por qué nos deberíamos convertir? La conversión concierne a quien de ateo se vuelve creyente, de pecador se hace justo, pero nosotros no tenemos necesidad, ¡ya somos cristianos! Entonces vamos bien». Pensando así, no nos damos cuenta de que es precisamente de esta presunción de lo que debemos convertirnos: de que somos cristianos, todos buenos, que vamos bien. Cuando estamos llamados a compartir alegrías y tristezas, ¿lloramos sinceramente con los que lloran y nos regocijamos con quienes se alegran? Cuando expresamos nuestra fe, ¿lo hacemos con valentía y sencillez, sin avergonzarnos del Evangelio? Y así podemos hacernos muchas preguntas. No vamos bien, siempre tenemos que convertirnos, tener los sentimientos que Jesús tenía (6-12-2015).

Monición única para todas las lecturas 

Dispongámonos ahora a escuchar la Palabra de Dios que  hoy nos invita a preparar el camino del Señor. La palabra de los profetas quiere levantar al pueblo de su postración anunciándole que Dios está a punto de cambiar su suerte. Baruc y Juan Bautista tratan de concienciar a sus oyentes para que preparen el camino al Señor retirando de él todo obstáculo e impedimento.

PRIMERA LECTURA   

Lectura del libro de Baruc 5, 1-9

Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da, envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre: «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad». Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente a la voz del Santo, gozosos invocando a Dios. A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real. Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados y a las colinas encumbradas, ha mandado llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios. Ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel. Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial: Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 (R.: 3)

R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 4-6. 8-11

Hermanos: Siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. Ésta es mi convicción: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús. Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os echo de menos, en Cristo Jesús. Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios.

Palabra de Dios. 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 1-6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios». 

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

  1. Por la Iglesia, para que siga siendo testigo de la salvación para todos los hombres. Oremos.
  2. Por todos los que en el mundo y en la Iglesia ejercen algún tipo de autoridad, para que con sabiduría y espíritu servicial busquen el bien y la paz. Oremos.
  3. Por los más pobres que en el mundo no tienen acceso al sustento diario, para que esperen con fe un futuro mejor. Oremos.
  4. Por nuestra comunidad parroquial, para que prepare la llegada de la Navidad dando frutos de conversión. Oremos. 

Oración:

JESÚS, qué bien cumple su misión tu primo Juan, preparando los caminos para tu encuentro con las gentes. Se consideraba solo como la voz que grita en el desierto. Pero toda su vida era ejemplo de austeridad, de testimonie de invitación -con la palabra y la vida- a la conversión. Acojo sus palabras: que se eleve el valle de mi pereza, que descienda la colina de mi orgullo, que se enderece y se iguale lo torcido y escabroso de mi conducta. Así veré -y otros podrán ver- la salvación que nos traes.