Agenda

05 Jun 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
06 Jun 2020
17:00
Fatima
12 Jun 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
13 Jun 2020
17:00
Fatima
19 Jun 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
20 Jun 2020
17:00
Fatima
26 Jun 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
27 Jun 2020
17:00
Fatima
03 Jul 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
04 Jul 2020
17:00
Fatima

Si quieres que recemos por tí, comunícanos tu intención

Nombre 
Intención 
    

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, Ciclo A

(19 de abril de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo II – Salterio 2ª semana

Satos León IX  pp.

Jorge de Antioquia ob, Marta vg mr

 Papa Francisco: El evangelio de hoy narra que el día de Pascua Jesús se aparece por la tarde a sus discípulos en el Cenáculo, llevando tres dones: la paz, la alegría y la misión apostólica.

  1. La paz. Sus primeras palabras son: «La paz con vosotros». El Señor Resucitado Trae auténtica paz, porque a través de su sacrificio en la cruz ha cumplido la reconciliación entre Dios y la humanidad y ha vencido al pecado y a la muerte. Jesús se presenta vivo en medio de ellos y mostrando sus llagas —Jesús quiso conservar sus llagas— en el cuerpo glorioso, da la paz como fruto de su victoria. Pero esa tarde no estaba presente el apóstol Tomás. Informado de este hecho extraordinario, él, incrédulo, pretende verificar personalmente la verdad de lo que afirman. Ocho días después, tal como hoy, se repite la aparición: Jesús sale al encuentro de la incredulidad de Tomás invitándole a tocar sus llagas. Constituyen la fuente de la paz, porque son el signo del amor inmenso de Jesús, que derrotó a las fuerzas hostiles contra el hombre, es decir, el pecado, el mal y la muerte.
  2. La alegría: «Los discípulos se alegraron de ver al Señor». Cuando nos pasa algo increíble demasiado bonito, nos sale de dentro decir: «¡No me lo puedo creer»! Los discípulos no podían creer de tanta alegría. Y esa es la alegría que nos da Jesús. Si estás triste, mira a Jesús crucificado y resucitado, mira sus llagas y toma esa alegría. 3. La misión. Jesús da a sus discípulos una nueva misión: «Como el Padre me envió, también yo os envío» La resurrección de Jesús es el inicio de un nuevo dinamismo de amor capaz de transformar el mundo con la presencia del Espíritu Santo En este segundo domingo de Pascua, estamos invitados a acercarnos a Cristo con fe, abriendo nuestros corazones a la paz, a la alegría y a la misión, pero no olvidemos las llagas de Jesús (28-4-2019).

Monición única para todas las lecturas

Las lecturas de hoy nos hablan del poder transformador de la fe pascual. El evangelio nos recuerda que esa fe es capaz de hacer que el grupo de los discípulos, cerrado sobre sí mismo, se transforme, por la fuerza del Espíritu, en una comunidad misionera. Los Hechos de los Apóstoles insisten en que esa experiencia transformadora ha de traducirse en una comunión de vida y de bienes entre los creyentes. El cambio radical que opera en nosotros la resurrección de Jesús es tal que la primera carta de Pedro lo considera un “renacer” que es obra de Dios y fundamenta nuestra esperanza en la salvación que esperamos con alegría. Escuchemos con mucha atención. 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 42-47

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

Palabra de Dios.

 Salmo responsorial: Salmo 117

R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos.R. 

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R. 

 SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro: 1, 3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe —de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego— llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

Palabra de Dios.

 EVANGELIO

 +Lectura del sant o evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: —«Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: —«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: —«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: —«Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: —«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomas con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: —«Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: —«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: —«¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: —«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor. 

Oración de los fieles

  1. Por la Iglesia Santa de Dios, comunidad de los creyentes, para que manifieste la presencia de Cristo resucitado con la alegría de saberse llena de su misericordia. 
  2. Por los jefes de las naciones, para que el Espíritu del Resucitado les inspire buenas decisiones en favor del resurgimiento de los pueblos hundidos en el subdesarrollo y la pobreza. 
  3. Por los que sufren en el mundo, especialmente por aquellos que han perdido la esperanza y el sentido de la vida, para que la alegría del Resucitado haga resurgir en ellos nuevas ilusiones y sientan que la Divina Misericordia les acompaña. 
  4. Por los que celebramos la Pascua de Cristo este día en torno a la mesa del Señor, para que la paz de Cristo nos acompañe y seamos difusores de esta buena Nueva de Salvación para el mundo. 

Oración:

JESUCRISTO RESUCITADO, una vez más me demuestras que cada uno somos muchísimo para ti. Volviste al cenáculo para manifestarte a Tomás y alentar su fe. Y me enseñas que, aunque estás en todas partes, hay un lugar privilegiado para encontrarte y para sentir con fuerza tu Divina Misericordia: la comunidad cristiana, la Iglesia. ¡Señor mío y Dios mío, yo creo en ti y en tu Iglesia santa!