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03 Abr 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
04 Abr 2020
17:00
Fatima
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II Domingo después de Navidad

Domingo 5 Enero de 2020

Liturgia de las Horas: Tomo II -salterio 2ª semana

Santos Juan Nepomuceno Neumann ob,
Deogracias ob, Emiliana vg.  Beato Carlos Houben pb

Papa Francisco: El Evangelista no oculta la dramaticidad de la Encarnación del Hijo de Dios, subrayando que al don del amor de Dios se responde con la no acogida por parte de los hombres. El Verbo es la luz, y sin embargo los hombres han preferido las tinieblas. El Verbo viene a su casa, pero los suyos no lo recibieron. Nosotros estamos llamados a abrir de par en par la puerta de nuestro corazón a la Palabra de Dios, a Jesús, para llegar a ser así hijos de Dios (3-1-2016).

Monición para todas las lecturas

En Navidad celebramos que “Dios-está-con-nosotros” y las lecturas de este domingo nos ayudan a seguir profundizando en el misterio de su Encarnación. La Sabiduría que se presenta a sí misma en el libro del Eclesiástico viene de Dios. Inspirándose en este pasaje, el prólogo del evangelio de Juan nos cuenta la historia de la Palabra que estaba junto a Dios pero viene a habitar en medio de nosotros. Pablo, en la segunda lectura, afirma que todo ello responde al proyecto trazado por Dios desde la eternidad. Pongamos mucha atención a estas lecturas.

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Sirácida 24. 1-2. 8-12

La sabiduría hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo. Abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades. En medio de su pueblo será ensalzada y admirada en la congregación plena de los santos; recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos y será bendita entre los benditos. El Creador del Universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: —Habita en Jacob, sea Israel tu heredad. Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás. En la santa morada, en su presencia ofrecí culto y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder. Eché raíces en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial: Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 

  1. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo,por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya. Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Palabra de Dios. 

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en  as tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo Único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo:«Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo"». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

  1. Para que la Iglesia siga haciendo presente al Verbo encarnado en todos los ricnones de la tierra. Oremos.
  2. Para que los proyectos de nuestros gobernantes para este año que recién inicia sean llevados a cabo en beneficio de todos los habitantes de nuestro país, sin parcialidad alguna. Oremos.
  3. Para que los más necesitados encuentren en todos nosotros esa ayuda que necesitan. Oremos.
  4. Para que esta asamblea haga vida la Palabra que hoy se nos ha transmitido. Oremos. 

Oración:

JESÚS, no puede haber mejor opción que recibirte en mi vida y caminar siguiendo tus huellas, tu Espíritu, tu Palabra. Yo quiero recibirte: porque ni te quiero -seguro que no tanto como debiera- y porque prometes “a cuantos te recibieron darles poder de ser hijos de Dios”. Cada uno estamos orgullosos de nuestro padre y de nuestra madre. Pero como tu Padre, que compartes con nosotros por la filiación divina, no hay nadie ni nada comparable. Tú nos "lo has dado a conocer", pues de ti me viene “la gracia y la verdad” que me salvan. ¡Gracias, Jesús, Salvador, Maestro, Hermano, Amigo!