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03 Abr 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
04 Abr 2020
17:00
Fatima
10 Abr 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
11 Abr 2020
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Fatima
17 Abr 2020
20:00
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18 Abr 2020
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25 Abr 2020
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02 May 2020
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III Domingo de Cuaresma Ciclo A (15 de marzo de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo II – Salterio 3ª semana

Clemente M Hofbauer pb

Leocricia vg. mr.Sisebuto ab

DÍA DEL SEMINARIO

Papa Francisco: El Evangelio de este domingo nos presenta el diálogo de Jesús con la mujer de Samaría Precisamente esta población será una de las primeras en adherirse a la predicación cristiana de los apóstoles. Jesús dice que él es el Mesías a una mujer que tenía una vida muy desordenada... "El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna". El agua que da la vida eterna ha sido derramada en nuestros corazones en el día de nuestro Bautismo; entonces Dios nos ha transformado y llenado de su gracia. Pero puede darse que este gran don lo hayamos olvidado, y quizá vamos en busca de "pozos" cuyas aguas no nos sacian. ¡Entonces este Evangelio es precisamente para nosotros! Jesús nos habla como a la samaritana. Sabemos quién es Jesús, pero quizá no lo hemos encontrado personalmente, hablando con Él, y no lo hemos reconocido todavía como nuestro Salvador. Este tiempo de Cuaresma es una buena ocasión para acercarse a Él, encontrarlo en la oración, en un diálogo de corazón a corazón, hablar con Él, escucharle; es una buena ocasión para ver su rostro también en el rostro de un hermano y de una hermana que sufre. De esta manera podemos renovar en nosotros la gracia del Bautismo, saciar nuestra sed en la fuente de la Palabra de Dios y de su Espíritu Santo; y así descubrir también la alegría de convertirse en artífices de reconciliación e instrumentos de paz en la vida cotidiana (19-3-2017).

Monición única para todas las lecturas

El carácter bautismal de la Cuaresma del ciclo A se pone especialmente de manifiesto en los tres últimos domingos de este tiempo litúrgico. De ahí que las lecturas de hoy estén centradas en el simbolismo del agua. El Señor hace brotar agua de una roca, según la primera lectura. En el evangelio de Juan se atreve afirma que el verdadero “don de Dios” es el agua viva del Espíritu que Jesús da a quien se la pide. Y Pablo habla del amor que Dios “derrama” sobre el corazón de los creyentes. Siempre que, como nos advierte el salmo, no sea un corazón endurecido. No endurezcamos nuestros corazones y escuchemos atentos esta Palabra. 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 17, 3-7

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: —«¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?». Clamó Moisés al Señor y dijo: —«¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen». Respondió el Señor a Moisés:—«Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo». Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: —«¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 94

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-2. 5-8

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atreviera uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: —«Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: —«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: —«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva». La mujer le dice: —«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le contestó: —«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». La mujer le dice: —«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». Él le dice: —«Anda, llama a tu marido y vuelve». La mujer le contesta: —«No tengo marido». Jesús le dice: —«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». La mujer le dice: —«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén». Jesús le dice: —«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad». La mujer le dice: —«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». Jesús le dice: —«Soy yo, el que habla contigo». En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: —«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?». Salieron del pueblo y se pusieron en camino a donde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: —«Maestro, come». Él les dijo: «Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis». Los discípulos comentaban entre ellos: —«¿Le habrá traído alguien de comer?». Jesús les dice: —«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores». En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: —«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

  1. Por el Papa, obispos y sacerdotes, para que el Espíritu Santo les siga nutriendo su fe, para guiar a la Iglesia aún en los momentos más conflictivos de su historia.
  2. Por los gobernantes de nuestro país, para que sepan administrar con sabiduría los bienes del Estado.
  3. Para que el hambre y la sed de quienes carecen de lo necesario para el sustento diario, sea suplido por quienes han recibido de Dios abundancia material.
  4. Por las víctimas del Coronavirus, para que reciban su tratamiento y sanación pronta. Oremos 
  5. Por los que estamos reunidos hoy en torno al altar, para que el alimento que Cristo nos ofrece sea solo la primicia de ese banquete que nos permita Dios disfrutar en su reino.

Oremos.

CRISTO, estás cansado, agotado del camino, pero no por eso vas a deja en el sinsentido de su vida a la pobre Samaritana. ¡Si yo conociera el do*
de Dios, lo que quieres darme! Que nunca ponga obstáculos a la salvación' y felicidad que me ofreces.