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05 Jun 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
06 Jun 2020
17:00
Fatima
12 Jun 2020
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Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
13 Jun 2020
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20 Jun 2020
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III DOMINGO DE PASCUA – Ciclo A. 26 abril 2020

Liturgia de las Horas: Tomo II – Salterio 3ª semana

Santos ISIDORO ob dc, Cleto pp.
Beatos Domingo y Gregorio pbs

 Papa Francisco: El Evangelio nos habla del camino de los dos discípulos de Emaús, y se puede resumir en tres palabras: muerte, resurrección y vida. 1. Muerte: los dos discípulos regresan a sus quehaceres cotidianos, llenos de desilusión y desesperación. El Maestro ha muerto y por tanto es inútil esperar. Estaban desorientados, confundidos y desilusionados. Su camino es un volver atrás; es alejarse de la dolorosa experiencia del Crucificado. 2. Resurrección: en la oscuridad de la noche más negra, en la desesperación más angustiosa, Jesús se acerca a los dos discípulos y los acompaña en su camino para que descubran que él es «el camino, la verdad y la vida». Jesús trasforma su desesperación en vida. Quien no pasa a través de la experiencia de la cruz, hasta llegar a la Verdad de la resurrección, se condena a sí mismo a la desesperación. 3. Vida: el encuentro con Jesús resucitado transforma la vida de los dos discípulos, porque el Resucitado transforma la vida entera y hace fecunda cualquier esterilidad. La Resurrección no es una fe que nace de la Iglesia: es la Iglesia la que nace de la fe en la Resurrección. De nada sirve rezar si nuestra oración que se dirige a Dios no se transforma en amor hacia el hermano. Para Dios, es mejor no creer que ser un falso creyente, un hipócrita (29-4-2017).

Monición única para todas las lecturas

La resurrección de Cristo sigue siendo el centro de las lecturas para este día. Es la que anuncia Pedro en su discurso de Pentecostés, la que invoca la carta del mismo Pedro para sacar consecuencias para la vida de los cristianos, y el centro de la conversación y de la experiencia de los discípulos de Emaús en su encuentro con el Señor. Escuchemos con mucha atención.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: —«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

"Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
exulta mi lengua,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me has enseñado el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia".

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que "no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción", hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 15

R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

O bien:
R. Aleluya.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha R.

 SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21

Queridos hermanos: Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

Palabra de Dios

 EVANGELIO

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: —«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: —«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». Él les pregunto: —«¿Qué?». Ellos le contestaron: —«Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces Jesús les dijo: —«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?». Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: —«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: —«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: —«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor. 

Oración de los fieles

  1. Por el Papa, Obispos y Sacerdotes, para que con las fuerzas de Cristo resucitado sigan obedeciendo a Dios antes que a los intereses del mundo y sean testigos de la Resurrección de Cristo. 
  2. Para que nuestros gobiernos impulsen leyes orientadas a la justicia, derecho y libertad. 
  3. Para que los que sufren encuentren en Cristo Resucitado su fortaleza y guía. 
  4. Para que nosotros, que nos hemos reunido hoy en esta asamblea santa, demos testimonio de que Cristo ha resucitado y vive en nuestros corazones. Oremos

Oración:

JESUCRISTO, compañero de camino, confidente y maestro: tú me sales al encuentro en mis dudas y vacilaciones, en mis desalientos y en mis huidas.