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Eucaristía Diaria Santo Cristo
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Eucaristía Diaria Santo Cristo
25 Jun 2018
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Eucaristía Diaria Santo Cristo

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IV Domingo de Cuaresma Ciclo B (11 de marzo de 2018)

Tomo II Salterio IV Semana

Santos Vicente de León ab, Sofronio ob,
Domingo Câm pb mr

Papa Francisco: El Evangelio de hoy nos vuelve a proponer las palabras que Jesús dirigió a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo, que entrego a su Unigénito». Al escuchar estas palabras, dirijamos la mirada de nuestro corazón a Jesús Crucificado y sintamos dentro de nosotros que Dios nos ama, nos ama de verdad, y nos ama en gran medida. Esta es la expresión más sencilla que resume todo el Evangelio, toda la fe, toda la teología: Dios nos amo con amor grande, y sin medida. Dice la Plegaria eucarística IV: «Cuando [el hombre] por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos». Vino con su misericordia. Como en la creación
El también en las etapas sucesivas de la historia de la salvación destaca la gratuidad del amor de Dios. Y cuando llega «la plenitud de los tiempos», a pesar de que los hombres en más de una ocasión quebrantaron la alianza, Dios, en lugar de abandonarlos, estrechó con ellos un vínculo nuevo, en la sangre de Jesús -el vinculo de la nueva y eterna alianza-, un vínculo que jamás nada podrá romperlo (15-3-2015).

 

Monición única para todas las lecturas

Por amor, Dios perdona al pueblo a pesar de su infidelidad y le permite regresar del exilio, como leemos en el pasaje del libro de las Crónicas. Y tanto amó Dios al mundo que entregó a la muerte a su Hijo para que creyendo en él tengamos vida eterna, dice el pasaje del evangelio. La misma idea recoge el texto de la carta a los Efesios: por amor, cuando estábamos muertos por el pecado, él nos devolvió la vida con la resurrección de Jesús. Atentos escuchemos este mensaje.

 PRIMERA LECTURA  

Lectura del segundo libro de las Crónicas 36, 14-16. 19-23

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio. Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años». En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: "El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!"».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 136, 1-2. 3. 4. 5. 6 (R.: 6a)

R. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R.

Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión». R.

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R.

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 4-10

Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo —por pura gracia estáis salvados—, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

Palabra de Dios.

                                                        

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 14-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: —«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

  1. Para que la Iglesia en todas partes profundice la acción evangelizadora. Oremos al Señor.
  2. Para que quienes tienen una responsabilidad en el gobierno, respeten la vida, la justicia y la verdad. Oremos al Señor.
  3. Para que en nuestro país prevalezca la preocupación sincera por los más necesitados. Oremos al Señor.
  4. Para que la Cruz de Cristo no sea para nosotros motivo de curiosidad, indiferencia, o mera compasión, sino la meta cristiana que nos transforme interiormente. Oremos al Señor.

Oración:

CRISTO, doblo mi rodilla ante la inmensidad del amor que nos tiene el Padre, dándonos a su Hijo para nuestra salvación. Y alabo tu obediencia incondicional, entregándote a la muerte en cruz. Te adoro, Cristo Crucificado: fijo mis ojos en ti y creo firmemente que has destruido mi muerte y aniquilado mi pecado. Me has curado, me has dado la vida.