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Jueves Santo Misa de la Cena del Señor

SANTO TRIDUO PASCUAL

de la tarde del Jueves Santo al Domingo de Pascua

Santos María Egipcíaca er, Niño Alvares rl,

Celso ob, Hugo ob, Venancio ob mr

Beatos Juan Bretton pf mr, José Girotti pb mr

Papa Francisco: La Eucaristía, el servicio, la unción. La realidad que vivimos hoy en esta celebración: el Señor que quiere permanecer con nosotros en la Eucaristía. Y nosotros nos convertimos siempre en sagrarios del Señor; llevamos al Señor con nosotros, hasta el punto de que él mismo nos dice que si no comemos su cuerpo y bebemos su sangre, no entraremos en el Reino de los Cielos. Este es el misterio del pan y del vino, del Señor con nosotros, en nosotros, dentro de nosotros. El servido. Ese gesto que es una condición para entrar en el Reino de los Cielos. Servir, sí, a todos. Pero el Señor, en aquel intercambio de palabras que tuvo con Pedro (cf. Jn 13,6-9), le hizo comprender que para entrar en el Reino de los Cielos debemos dejar que el Señor nos sirva, que el Siervo de Dios sea siervo de nosotros. Y esto es difícil de entender. Si no dejo que el Señor sea mi siervo, que el Señor me lave, me haga crecer, me perdone, no entraré en el Reino de los Cielos. Y el sacerdocio. Hoy quisiera estar cerca de los sacerdotes, de todos los sacerdotes, desde el recién ordenado hasta el Papa. Todos somos sacerdotes: los obispos, todos... Somos ungidos, ungidos por el Señor; ungidos para celebrar la Eucaristía, ungidos para servir. Hoy no hemos tenido la Misa Crismal. No puedo dejar pasar esta Misa sin recordar a los sacerdotes. Sacerdotes que ofrecen su vida por el Señor, sacerdotes que son servidores. En estos días, más de sesenta han muerto aquí, en Italia, atendiendo a los enfermos en los hospitales, juntamente con médicos, enfermeros, enfermeras... Son "los santos de la puerta de al lado”, sacerdotes que dieron su vida sirviendo. Y pienso en los que están lejos (9-4-2020).

Monición única para todas las lecturas

Las lecturas del día de hoy giran en torno a la celebración de la Cena Pascual que realizaban los judíos, misma que también celebró Jesús, a la que le dio un nuevo sentido, tal como lo narra San Juan en su evangelio y nos lo recuerda San Pablo. La Pascua (paso) se extiende a lo largo de la historia de la salvación en tres acontecimientos concretos: La Pascua del antiguo pueblo de Israel (1a lectura), La Pascua de Cristo (Evangelio) y nuestra propia Pascua, la de la Iglesia (2a lectura).  Escuchemos con atención.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: —«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: "El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones"».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 115

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26

Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: —«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo: —«Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía». Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: —«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: —«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dijo: —«No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: —«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo». Simón Pedro le dijo: —«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dijo: —«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios». Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: —«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

A cada petición diremos: Señor ten Piedad.

  1. Por la Iglesia, cuerpo de Cristo; para que guarde la unidad en la caridad, que quiso para ella Jesucristo, y así el mundo crea. Oremos. 
  2. Por el papa, los obispos, los presbíteros y todos los que ejercen algún ministerio en la Iglesia; para que su vida sea siempre, a imagen de Cristo, servicio y entrega a sus hermanos. Oremos.
  3. Por los sacerdotes de nuestra diócesis, para que en este día especial para ellos reciban de Cristo la fuerza necesaria para ejercer devotamente su ministerio. Oremos.
  4. Por nuestros gobernantes, para que aprendan de Cristo a servir con amor y entrega a sus pueblos. Oremos.
  5. Para que aprendamos a servirnos unos a otros con amor fraterno, especialmente con aquellos más necesitados de nuestra sociedad. Oremos.
  6. Por nosotros, para que encontremos en el servicio a los hermanos el sentido del amor y la felicidad en esta vida. Oremos.

Oración:

CRISTO JESUS, en este primer día del Triduo Pascual, junto al ejemplo que nos das de infinito amor y profunda humildad, lavando los pies sucios de tus apóstoles indignos, les sorprendiste y nos sorprendes con tres regalos que te agradezco desde lo más hondo de mi corazón: el mandamiento nuevo del amor fraterno, el sacramento de la Eucaristía, y el sacramento del sacerdocio. Son elementos sustanciales en la vida cristiana, ante los que solo me sale una palabra ¡GARACIAS! Hoy te pido para mí y para los sacerdotes la fidelidad a tu amistad y disponibilidad a servir a los hermanos en el sacramento de la reconciliación. Y para todos los cristianos, un amor apasionado a la Eucaristía y a recibir tu perdón sacramental y una disposición al amor a los demás como tú nos amas, hasta tu muerte en Cruz.