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XXI Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

(25 de agosto de 2019)

Liturgia de las Horas: Tomo IV - Salterio 1ª Semana

Santos: LUIS IX DE FRANCIA re

JOSÉ DE CALASANZ pb Ginés mr

Beato Luis Urbano pb mr

 Papa Francisco: La página evangélica de hoy nos sugiere meditar sobre el tema de la salvación. «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» (Le 13, 23). Jesús no da una respuesta directa sino que traslada el debate a otro plano, con un lenguaje sugestivo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán». No es cuestión de número —cuántos se salvarán—, sino que todos sepan cuál es el camino que conduce a la salvación. Tal recorrido prevé que se atraviese una puerta. Pero, ¿dónde está la puerta? ¿Cómo es la puerta? ¿Quién es la puerta? Jesús mismo es la puerta. Lo dice Él en el Evangelio de Juan: «Yo soy la puerta» (Jn 10, 9). El nos conduce a la comunión con el Padre, donde encontramos amor, comprensión y protección. Pero, ¿por qué esta puerta es estrecha? Es una puerta estrecha no porque sea opresiva; sino porque nos exige restringir y contener nuestro orgullo y nuestro miedo, para abrirnos con el corazón humilde y confiado a Él, reconociéndonos pecadores, necesitados de su perdón. La puerta de la misericordia de Dios es estrecha pero ¡siempre abierta de par en par para todos! Y la salvación que Él nos ofrece es un flujo incesante de misericordia que derriba toda barrera y abre interesantes perspectivas de luz y de paz. Jesús hoy nos ofrece, una vez más, una apremiante invitación a dirigirnos hacia Él, a pasar el umbral de la puerta de la vida plena, reconciliada y feliz. Él nos espera a cada uno de nosotros, cualquiera que sea el pecado que hayamos cometido, para abrazarnos, para ofrecernos su perdón. Solo Él puede transformar nuestro corazón, solo Él puede dar un sentido pleno a nuestra existencia, dándonos la verdadera alegría. Entrando por la puerta de Jesús, la puerta de la fe y del Evangelio, nosotros podremos salir de los comportamientos mundanos, de los malos hábitos, de los egoísmos y de la cerrazón. Cuando hay contacto con el amor y la misericordia de Dios, hay un auténtico cambio (21-8-2016).

Monición para todas las lecturas

Tanto el texto de Isaías, como el salmo y el Evangelio de hoy, nos insisten en que la salvación es una oferta universal, para toda la humanidad. Pero Lucas da un paso más: esta salvación exige la respuesta del ser humano, la aceptación del don de Dios, el esfuerzo por vivir según sus planes. Nadie la puede dar por supuesta ni creerse en posesión de ella. Atentos escuchemos.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 66, 18-21

Así dice el Señor: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén —dice el Señor—, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes, y levitas» —dice el Señor—.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial:  Salmo 116

  1. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.R. 

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 5-7 11-13

Hermanos: Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: —«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos». Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos? Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

Palabra de Dios. 

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: —«Señor, ¿serán pocos los que se salven?». Jesús les dijo: —«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois". Entonces comenzaréis a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas". Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados". Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

Palabra del Señor.

Oración de los Fieles

  1. Para que la Iglesia siga llevando la Buena Nueva de salvación a todos los rincones de la tierra. Oremos.
  2. Para que nuestros gobernantes siembren esperanza en nuestros pueblos, impulsando proyectos que ayuden a la superación de todos. Oremos.
  3. Para que los más necesitados se encuentren con nuestra mano tendida para ayudarles en sus necesidades. Oremos.
  4. Por nosotros, para que con nuestra fe y nuestras obras seamos testigos y signos visibles de la presencia del Reino de Dios en la tierra.
  5. Para que la semilla sembrada hoy en nuestros corazones nos lleven a dar signos de conversión para conseguir nuestra salvación. Oremos.

Oración:

SEÑOR, toda mi esperanza está en ti, y tú no defraudas a quien en ti confían. Por eso, ante la crudeza de tu amenaza, tengo el consuelo de tu misericordia. Pero yo sé que no puedo jugar con el vaso de barro de mi débil fe cristiana, llamada a fructificar en obras de amor y en esfuerzo por entrar por la puerta estrecha. Mi salvación está en tus manos. ¡Dios mío, confío en ti, pero aumenta mi fé!