Agenda

23 Ene 2020
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
24 Ene 2020
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
24 Ene 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
25 Ene 2020
17:00
Fatima
25 Ene 2020
17:30
Ermita de Fátima Eucaristia Sabados
25 Ene 2020
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
26 Ene 2020
10:30
Eucaristía -Virgen de la Cabeza
26 Ene 2020
12:30
Eucaristía Domingos Santo Cristo
26 Ene 2020
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo
27 Ene 2020
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo

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Natividad del Señor Misa del día (25 de diciembre Ciclos A,B,C)

NATIVIDAD DEL SEÑOR

Papa Francisco: «Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11). Las palabras del apóstol Pablo manifiestan el misterio do esta noche santa: ha aparecido la gracia de Dios, su regalo gratuito; en el Niño que se nos ha dado se hace concreto el amor de Dios para con nosotros. Los pastores descubren sencillamente que «un niño nos ha nacido» (Is 9,5) y comprenden que toda esta gloria, toda esta alegría, toda esta luz se concentra en un único punto, en ese signo que el ángel les ha indicado: «Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Este es el signo de siempre para encontrara Jesús. No solo entonces, sino también hoy. Si queremos celebrar la verdadera Navidad, contemplemos este signo: la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado, la ternura de los pañales que lo cubren. Allí está Dios. Y para encontrarlo hay que ir allí, donde él está: es necesario reclinarse, abajarse, hacerse pequeño. El Niño que nace nos interpela: nos llama a dejar los engaños de lo efímero para ir a lo esencial, a renunciar a nuestras pretensiones insaciables, a abandonar las insatisfacciones permanentes y la tristeza ante cualquier cosa que siempre nos faltará. Dejémonos interpelar por el Niño en el pesebre, pero dejémonos interpelar también por los niños que, hoy, no están recostados en una cuna ni acariciados por el afecto de una madre ni de un padre, sino que yacen en los escuálidos «pesebres donde se devora su dignidad». El misterio de la Navidad, que es luz y alegría, interpela y golpea, porque es al mismo tiempo un misterio de esperanza y de tristeza (24-12-2016).

PRIMERA LECTURA

(Isaías 52, 7-10) El profeta, probablemente el segundo Isaías, nos invita a la esperanza porque Dios viene a Sión, "consuela a su pueblo y rescata a Jerusalén". La promesa se refiere a los tiempos del destierro en Babilonia y a su próximo final. Pero nosotros leemos el pasaje desde la perspectiva de la encarnación del Hijo de Dios.

Lectura del libro de Isaías 52, 7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 97

(Salmo 97) También el salmo 97 nos hace cantar sentimientos de alegría y victoria. Por eso nos unimos al salmista diciendo:

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

SEGUNDA LECTURA

(Hebreos 1, 1-6) La carta a los Hebreos nos recuerda que Dios sigue hablándonos, y hoy, ya no por medio de los profetas, sino por medio de su Hijo, cuyo nacimiento contemplamos y recordamos en estas navidades.

Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo?». Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».

Palabra de Dios.

EVANGELIO

(Juan 1, 1-18) El prólogo del Evangelio de San Juan nos afirma la pre-existencia del Verbo en el seno de Dios como el "Logos", que se hizo carne y habitó entre nosotros, a quienes hoy nos invita a recibirle para darnos el mejor don que podemos recibir: "ser hijos de Dios".

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo"». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor.

ORACIÓN DE LOS FIELES

  1. Oremos por la Iglesia, por todos y cada uno de los cristianos. Que la alegría por el nacimiento del Salvador llene de fe y esperanza el corazón de los discípulos de Jesús. Roguemos al Señor.
  2. Oremos por quienes gobiernan las naciones. Que el Príncipe de la Paz ilumine las mentes y los corazones de los poderosos para que trabajen por la paz y el bienestar de todos los ciudadanos. Roguemos al Señor.
  3. Oremos por los enfermos, los inmigrantes, los presos, los que sufren. Que la luz de Belén los consuele y les ayude en medio de las dificultades. Roguemos al Señor.
  4. Oremos todos nosotros, reunidos para celebrar la Navidad. Que el amor de Dios nos mueva a vivir más intensamente la caridad cristiana. Roguemos al Señor.

Oración:

Te felicito, JESÚS, por tu nuevo cumpleaños! Para mí hoy, cuando tantas cosas quieren atraer mi atención, tú eres lo único importante, el centro de mi vida, la esperanza cierta de felicidad y salvación. Que todo lo demás quede en un plano muy lejano, que no pueda distraerme. Celebro contigo, con María y José, con la Iglesia, con mi familia o comunidad, la gran fiesta de tu venida al mundo y a mi vida. ¡Quédate conmigo, no pases de largo!