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13 Dic 2019
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Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo Ciclo C

(24 de noviembre de 2019)

Santos ANDRÉS DUNG-LAC pb y co mrs,

Crisógono mr, Flora y María vgs mrs,
Mateo Alonso y co mrs

Papa Francisco: La solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo corona el año litúrgico. El Evangelio presenta la realeza de Jesús en el culmen de su obra de salvación, y lo hace de una manera sorprendente. El Mesías de Dios, el Elegido, el Rey» se muestra sin poder y sin gloria: está en la cruz, donde parece más un vencido que un vencedor. Su realeza es paradójica: su trono es la cruz; su corona es de espinas; no tiene cetro, pero le ponen una caña en la mano; no viste suntuosamente, pero es privado de la túnica; no tiene anillos deslumbrantes en los dedos, pero sus manos están traspasadas por los clavos; no posee un tesoro, pero es vendido por treinta monedas. Verdaderamente el reino de Jesús no es de este mundo, pero justamente es aquí donde encontramos la redención y el perdón. Porque la grandeza de su reino no es el poder según el mundo, sino el amor de Dios, un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas. Por este amor, Cristo se abajó hasta nosotros, vivió nuestra miseria humana, probó nuestra condición más ínfima: la injusticia, la traición, el abandono; experimentó la muerte, el sepulcro, los infiernos. De esta forma nuestro Rey fue incluso hasta los confines del Universo para abrazar y salvar a todo viviente (20-11.2016).

Monición para todas las lecturas

En consonancia con la fiesta que celebramos, las lecturas de este domingo giran en torno a la figura del rey. En el pasaje del libro de Samuel, David es ungido por los ancianos del pueblo. Los discípulos de Jesús supieron reconocerle como el Cristo (el ungido), como el sucesor esperado de aquel gran rey de Israel. Así lo presenta el evangelio de Lucas, pero su entronización no tendrá lugar en un palacio, sino en la cruz. El autor de la carta a los Colosenses, mediante un precioso himno, exalta a Cristo como rey de todo el universo según el designio amoroso de Dios. Escuchemos con mucha atención.

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de Samuel 5, 1-3

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: —«Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: “Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”». Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 121

  1. Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R.

Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 12-20

Hermanos: Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios. 

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 23, 35-43

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: —«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: —«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: —«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba: —«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada». Y decía: —«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» .Jesús le respondió: —«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Palabra del Señor.

Oración de los Fieles 

A Jesús, que desde el trono real de la cruz reina y juzga al mundo, dirijamos nuestra humilde oración. Con fe aclamemos:

Venga a nosotros tu Reino, Señor

  1. Por la Iglesia: que sea en el mundo signo visible del Reino que viene, lugar donde cada hombre pueda conocer la realeza del amor que se manifiesta en la cruz de Cristo. 
  2. Por el Santo Padre, los obispos, sacerdotes y diáconos: que vivan con alegría su ministerio, imitando con amor a Aquel que ha venido para servir y no para ser servido. Oremos
  3. Por la paz en el mundo: que el poder de Jesús humilde, rey de Paz se manifieste victorioso sobre cada oscura lucha del egoísmo, violencia e injusticia. 
  4. Por los que sufren, especialmente por aquellos alejados de la fe y por todos los que aún no conocen al Señor: que cada corazón acoja el Reino del amor del Señor. 
  5. Por todos nosotros aquí presentes: que, dóciles a la escucha obediente de la Palabra, seamos testigos valientes y constructores del Reino que Jesús ha venido a traer. 

Oración:

CRISTO REY, coronado de espinas, tú eres el verdadero y único Rey del ¿A universo Esa es la verdad de la que eres testigo. Y escucho tu voz como todo el que es de la verdad. Eres mi Rey, aunque te vea con una corona de espinas y una caña como cetro. Eres mi Rey, aunque te desnuden y te eleven clavado en la cruz. Así, desde la Cruz, que es tu trono de gloria, venciste la muerte y el pecado, y nos haces partícipe de tu victoria. Con el Buen Ladrón, te pido. ¡Acuérdate de mí, ahora que estás en tu reino!