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V Domingo de Cuaresma Ciclo A (29 de marzo de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo II – 4ª semana

Santos Esteban Harding ab,
Cástor mr, Gúntram re

Papa Francisco: El 28 de marzo de 1515 nació en Ávila una niña que con el tiempo, sería conocida como santa Teresa de Jesús. Doy gracias a Dios por el don de esta gran mujer. Y animo a los fieles de la querida diócesis de Ávila, y a todos los españoles, a conocer la historia de esa insigne fundadora, así como a leer sus libros, que, junto con sus hijas en los numerosos Carmelos del mundo, nos siguen diciendo quién y cómo fue la Madre Teresa y qué puede enseñarnos a los hombres y mujeres de hoy. En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos (15-10 2014).

Monición única para todas las lecturas

Hoy las tres lecturas bíblicas apuntan al mismo y gozoso mensaje: la vida. Tanto Ezequiel para su pueblo, como Pablo para sus lectores como, sobre, todo, el evangelio con el relato de Lázaro, nos aseguran que nuestro destino es la vida. Muy atentos escuchemos...

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14

Así dice el Señor: —«Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago». Oráculo del Señor.

Palabra de Dios.

 Salmo responsorial: Salmo 129

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-11

Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Palabra de Dios. 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 1-45

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: —«Señor, tu amigo está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: —«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: —«Vamos otra vez a Judea». Los discípulos le replican: —«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?». Jesús contestó: —«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz». Dicho esto, añadió: —«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo». Entonces le dijeron sus discípulos: —«Señor, si duerme, se salvará». Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: —«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa». Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: —«Vamos también nosotros y muramos con él». Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: —«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: —«Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dice: —«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: —«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: —«El Maestro está ahí y te llama». Apenas lo oyó, se levantó y salió a donde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María a donde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: —«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano». Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó: —«¿Dónde lo habéis enterrado?». Le contestaron: —«Señor, ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: —«¡Cómo lo quería!». Pero algunos dijeron: —«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?». Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: —«Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dice: —«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días». Jesús le dice: —«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: —«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: —«Lázaro, ven afuera». El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: —«Desatadlo y dejadlo andar». Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor. 

Oración de los fieles

  1. Por la Iglesia, para que, encaminada hacia la celebración de la Pascua, siga anunciándonos al que es la Resurrección y la vida. Roguemos al Señor
  2. Por los que gobiernan las naciones, para que al encaminados hacia la Pascua, ese paso de la muerte a la vida, promuevan leyes que defiendan la vida desde el seno materno. Roguemos al Señor
  3. Por los que sufren la presión social y las acechanzas del demonio que les impulsan hacia el aborto, para que valoren y dignifiquen la vida con valentía heroica. Roguemos al Señor
  4. Por los médicos y todos aquellos hombres y mujeres que luchan para cuidar nuestra salud. Roguemos al Señor.
  5. Por los que este día estamos reunidos en la casa de Dios, para que también un día podamos disfrutar de la resurrección de Cristo y gozar de su presencia en el cielo. Roguemos al Señor

Oración:

CRISTO, ¡qué magnífica es tu reacción ante la muerte de tu amigo Lázaro! Como Dios, tenías poder para resucitarlo. Como hombre, llorabas por la muerte del amigo. Te entristece mi pecado, pero sigues amándome con la fidelidad del mejor Amigo.