Agenda

14 Ago 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
15 Ago 2020
17:00
Fatima
21 Ago 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
22 Ago 2020
17:00
Fatima
28 Ago 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
29 Ago 2020
17:00
Fatima
04 Sep 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
05 Sep 2020
17:00
Fatima
11 Sep 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
12 Sep 2020
17:00
Fatima

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XV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A (12 de julio de 2020)

Liturgia de las horas: Tomo III Salterio 3ª semana

Santos Luis y Celia Martin es pf,
Ignacio Clemente Delgado ob mr,
Juan Gualberto ab, 
Juan Jones y Juan Wall pbs mrs

 Papa Francisco: En la parábola del sembrador, Jesús es el sembrador. Él esparce con paciencia y generosidad su Palabra, que no es una jaula o una trampa, sino una se- milla que puede dar fruto. ¿Y cómo puede dar fruto? Si nosotros la acogemos. Jesús efectúa, por así decir, una "radiografía espiritual" de nuestro corazón, que es el terreno sobre el cual cae la semilla de la Palabra. Nuestro corazón, como un terreno, puede ser bueno y entonces la Palabra da fruto, pero puede ser también duro, impermeable. Ello ocurre cuando oímos la Palabra, pero nos es indiferente, precisamente como en el asfalto: no entra. Entre el terreno bueno y el asfalto, hay dos terrenos: primero, el pedregoso, «donde no hay mucha tierra»: acoge al Señor, quiere rezar, amar y dar testimonio, pero no persevera, se cansa y no "despega" nunca. Es un corazón sin profundidad, donde las piedras de la pereza prevalecen sobre la tierra buena, donde el amor es inconstante y pasajero, no da fruto. El segundo terreno es el espinoso, lleno de zarzas que asfixian a las plantas buenas. Cada uno puede reconocer a sus pequeñas o grandes zarzas, los vicios que habitan en su corazón, los arbustos más o menos radicados que no gustan a Dios e impiden tener el corazón limpio. Hay que arrancarlos, o la Palabra no dará fruto, la semilla no se desarrollará. Encontremos el valor de hacer una buena recuperación del suelo, una bonita recuperación de nuestro corazón, llevando al Señor en la Confesión, y en la oración nuestras piedras y nuestras zarzas. Haciendo así, Jesús, buen sembrador, estará feliz de cumplir un trabajo adicional: purificar nuestro corazón, quitando las piedras y espinas que asfixian la Palabra (16-7-2017).

Monición única para todas las lecturas

La Palabra de Dios ocupa un lugar especial en este domingo. Tanto Isaías como Jesús centran su mensaje en la Palabra que es enviada o sembrada en cada uno de nosotros. Usando imágenes de actividades agrícolas, Jesús nos instruirá sobre cómo debemos escuchar su Palabra y disponernos para que produzca buen fruto. Atentos escuchemos.

 PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 64

La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R.

Riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos: Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

+Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: —«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga». Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: —«¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: —«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure". ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

  1. Por cada uno de los que formamos la Iglesia, para que, junto a quienes nos proclaman la Palabra de Dios, seamos campo fértil para que el reino de Dios se vaya extendiendo por todo el mundo. Roguemos al Señor.
  2. Por quienes tienen alguna responsabilidad en el gobierno de las naciones, para que unan esfuerzos por la conservación de nuestros recursos naturales. Roguemos al Señor.
  3. Por los que sufren hambre y miseria en el mundo, para pronto vean el auxilio de quienes acaparan las riquezas que Dios ha repartido para todos. Roguemos al Señor.
  4. Por los que este día hemos escuchado la Palabra de Dios, para que su eficacia transforme nuestras vidas y la hagamos producir frutos abundantes para el Reino de Dios. Roguemos al Señor.

Oración:

SEÑOR, tu palabra llega cada día al campo de mi vida. Y no siempre encuentra la tierra esponjosa y abonada. Mi inconstancia, los afanes de la vida, la seducción de las riquezas, mi fragilidad y deseos de efímera felicidad impiden que produzca en mí los frutos de vida eterna. La semilla es excelente. El sembrador, divino. El campo, quiero tenerlo siempre preparado, con tu imprescindible ayuda, con tu Espíritu.