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XVII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C 

28 de julio de 2019

Liturgia de las Horas: Tomo III -Salterio 1ª Semana

Santos: Catalina Thomas, Victor I pp

Melchor de Quiros ob mr.

Nazario y Celso mrs.

 Papa Francisco: El Evangelio de este domingo (Lc 11,1-13) comienza con la escena de Jesús rezando solo, apartado; cuando termina, los discípulos le piden: «Señor, enséñanos a orar»; y Él responde: «Cuando oréis, decid: "Padre..."». Esta palabra es el «secreto» de la oración de Jesús, es la llave que Él mismo nos da para que podamos entrar también en esa relación de diálogo confidencial con el Padre que le ha acompañado y sostenido toda su vida. Al apelativo «Padre» Jesús asocia dos peticiones: «santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino». La oración de Jesús, y por lo tanto la oración cristiana, es antes que nada un dejar sitio a Dios, permitiendo que manifieste su santidad en nosotros y dejando avanzar su reino, a partir de la posibilidad de ejercer su señorío de amor en nuestra vida. Otras tres súplicas completan esta oración que Jesús nos enseña, el «Padre Nuestro». Son tres peticiones que expresan nuestras necesidades fundamentales: el pan, el perdón y la ayuda ante las tentaciones. No se puede vivir sin pan, no se puede vivir sin perdón y no se puede vivir sin la ayuda de Dios ante las tentaciones. 1. El pan que Jesús nos hace pedir es el necesario, no el superfluo; es el pan de los peregrinos, el justo, un pan que no se acumula y no se desperdicia, que no pesa en nuestra marcha. 2. El perdón es, ante todo, aquello que nosotros mismos recibimos de Dios: solo la conciencia de ser pecadores perdonados por la infinita misericordia divina, puede hacernos capaces de cumplir gestos concretos de reconciliación fraterna. Si una persona no se siente pecador perdonado, nunca podrá realizar un gesto de perdón o reconciliación. Se comienza desde el corazón, donde uno se siente pecador perdonado. 3. La última petición, «no nos dejes caer en la tentación», expresa la conciencia de nuestra condición, siempre expuesta a las insidias del mal y de la corrupción. Él conoce mejor que nosotros mismos nuestras necesidades, pero quiere que se las presentemos con audacia y con insistencia, porque este es nuestro modo de participar en su obra de salvación. ¡La oración es el primer y principal «instrumento de trabajo» que tenemos en nuestras manos! (24-7-2016).

Monición para todas las lecturas:

Audacia, tenacidad, confianza… son palabras que encajan con las lecturas de hoy y que marcan constantes en la oración del discípulo. Abrahán (primera lectura) insiste en interceder ante Dios por las ciudades pecadoras; por su parte, el amigo de la parábola que hoy nos propone el evangelio mantiene su petición inoportuna para atender al huésped. Aprendamos de esta Palabra, escuchándola con mucha atención.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis 18, 20-32

En aquellos días el Señor dijo: —«La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré». Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: —«¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?». El Señor contestó: —«Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos». Abrahán respondió: —«Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?». Respondió el Señor: —«No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco». Abrahán insistió: —«Quizá no se encuentren más que cuarenta». Le respondió: —«En atención a los cuarenta, no lo haré». Abrahán siguió: —«Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?». Él respondió: —«No lo haré, si encuentro allí treinta». Insistió Abrahán: —«Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?». Respondió el Señor: —«En atención a los veinte, no la destruiré». Abrahán continuó: —«Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?». Contestó el Señor: —«En atención a los diez, no la destruiré».

 Palabra de Dios.

 Salmo responsorial: Salmo 137

  1. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R.

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo. R.

Y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2, 12-14

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

Palabra de Dios 

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: —«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo: —«Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación"». Y les dijo: — «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle". Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos". Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden!».

Palabra del Señor.

Oración de los Fieles

  1. Por nuestra Santa Madre, la Iglesia Católica, para que con el impulso del Espíritu Santo siga las instrucciones del Papa Francisco, prestando un servicio con humildad desinteresada en el mundo. Oremos.
  2. Por los que gobiernan las naciones, para que sirvan desinteresadamente y sin enriquecimientos ilícitos, buscando siempre el progreso y desarrollo de los pueblos. Oremos.
  3. Por la familia, para que rece unida y mantenga así su unidad. Oremos
  4. Por los más necesitados, para que, por la generosidad de quienes han sido bendecidos abundantemente por Dios con bienes materiales, reciban con prontitud y sin interés el auxilio que con ansias buscan. Oremos
  5. Por los que este día hemos compartido el banquete del amor, para que la palabra que hemos escuchado haga germinar en nosotros semillas de humildad y sencillez. Oremos

Oración:

PADRE NUESTRO, la invitación que nos hace tu Hijo de pedirte, me mueve a poner en tus manos la oración que no puede ser desoída. Te pido con fe, en nombre de Jesucristo, algo que es necesario para mi salvación: dame el Espíritu que configure mi vida con la de Jesús, venga tu reino de amor, de entrega, de fe