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25 Sep 2020
20:00
Exposición del Santísimo y Rezo de la Coronilla de la Misericordia
26 Sep 2020
17:00
Fatima
02 Oct 2020
20:00
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03 Oct 2020
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09 Oct 2020
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10 Oct 2020
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XX Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A

16 de agosto de 2020)

Liturgia de las Horas; Tomo IV – Salterio 2ª semana

Santos ESTEBAN DE HUNGRÍA re,
Roque cf, Teodoro ob

Papa Francisco: El Evangelio de hoy nos presenta a una mujer cananea, una extranjera, que implora a Jesús que cure a su hija la cual "tiene un demonio muy malo". El Señor, en un primer momento, parece no escuchar este grito de dolor. El aparente distanciamiento de Jesús no desanima a esta madre, que insiste en su invocación. Esta fuerza hay que buscarla en su amor materno y en la confianza de que Jesús puede satisfacer su petición. Y esto me hace pensar en la fuerza de las mujeres. Con su fortaleza son capaces de obtener cosas grandes. ¡Hemos conocido muchas! Es el amor lo que mueve la fe, y la fe, por su parte, se convierte en el premio del amor. El amor por su hija la induce a gritar: "¡Ten compasión de mí, Señor,  hijo de David!". Y la fe perseverante en Jesús le consiente no desanimarse ni siquiera ante su inicial rechazo; así la mujer vino a postrarse ante Él y le dijo: "¡Señor, socórreme!". Al final, ante tanta perseverancia, Jesús permanece admirado, casi estupefacto, por la fe de una mujer pagana y accede: «"Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas". Y desde aquel momento quedó curada su hija». Su insistencia es para nosotros estímulo para no desanimarnos, para no desesperar cuando estamos oprimidos por las duras pruebas de la vida. El Señor no se da la vuelta ante nuestras necesidades y, si a veces parece insensible a peticiones de ayuda, es para poner a prueba y robustecer nuestra fe. Nosotros debemos continuar gritando como esta mujer: «¡Señor, ayúdame! ¡Señor ayúdame!». Así, con perseverancia y valor. Y este es el valor que se necesita en la oración (20-8-2017).

Monición única para todas las lecturas

Las lecturas de hoy hablan de la universalidad de la salvación. Mientras el profeta Isaías rompe el particularismo judío y abre la salvación a los extranjeros si guardan el sábado y practican la justicia, Jesús pone como única condición la fe; por eso Pablo nos dirá que todos podemos alcanzar misericordia. Ansiando esta salvación, el creyente reza con la estrofa del salmo: “Conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación en todas las naciones”. Ansiosos de conseguir esa salvación, escuchemos atentos. 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 66

  1. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R. 

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R. 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32

Hermanos: Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28.

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: —«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: —«Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: —«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: —«Señor, socórreme». Él le contestó: —«No está bien echar a los perros el pan de los hijos». Pero ella repuso: —«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: —«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor. 

ORACIÓN DE LOS FIELES

  1. Pidamos por el papa, obispos, sacerdotes y todos los misioneros comprometidos con la causa de la evangelización, para que nunca se cansen de llevar la Buena Nueva de salvación a todos los rincones del mundo. Oremos.
  2. Por los que tienen alguna responsabilidad en el gobierno de nuestro país, para que luchen incansablemente y sin intereses mezquinos por la paz y el progreso de nuestra sociedad. Oremos.
  3. Por los que han sufrido un rechazo por parte de nuestra Iglesia o cualquier denominación religiosa, para que escuchen siempre ese llamado universal de salvación que Dios les hace. Oremos.
  4. Por nosotros, para que hagamos cada uno la parte que nos corresponde en la extensión del Reino de Dios aquí en la tierra. Oremos.

Oración;

SEÑOR, al principio me desconcierta tu actitud distante y hasta humillante para la mujer cananea. Pero sabes lo que haces: quieres poner a prueba la humildad y la perseverancia de la madre angustiada, y de mí. Ah, si un día escuchara de tus labios: “¡Qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas!". Lo que deseo es que mi fe sea tan fuerte y perseverante como la de aquella mujer. Sé que me amas tal como soy, pero quiero ser como tú quieres.