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XXVI Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

(29 de septiembre de 2019)

Santos MIGUEL, GABRIEL y RAFAEL. ARCÁNGELES

Liturgia de las Horas: Tomo IV - Salterio 2ª semana

Papa Francisco: "Dime, ¿cuál es tu nombre?" Sí, hay gente que no tiene nombre En la parábola del pobre Lázaro que no tenía qué comer y los perros lamían sus heridas, mientras que «el hombre rico», que participaba en banquetes, se divertía sin mirar las necesidades de los demás. Es curioso que de ese hombre no se dice el nombre: es solo un adjetivo: es "un rico". En el libro de la memoria de Dios de los malvados no hay nombre: es un malvado, es un estafador, es un explotador; no tienen nombre, solo tienen adjetivos. En cambio, todos los que buscan seguir la senda del Señor estarán con su Hijo, que tiene nombre: Jesús Salvador. Pero un nombre difícil de comprender, incluso inexplicable por la prueba de la cruz y por todo lo que Él sufrió por nosotros. Dice el Salmo 1: «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos... sino que su gozo es la ley del Señor». Aunque haya sufrimientos, espera en el Señor». También pide eso: que el Señor le dé más esperanza (8-10-15).

Monición para todas las lecturas

Las lecturas de este domingo nos ponen en guardia frente a las riquezas, que endurecen el corazón. El lujo hace olvidar los desastres del pueblo, dice el profeta Amós. A la puerta del rico se apaga la vida del pobre Lázaro, leemos en el evangelio. Contra esa riqueza despreocupada está la regla de vida que propone el autor de la carta a Timoteo (honradez, religiosidad, fe, amor, paciencia, dulzura) y la confianza en un Dios que, según el salmo, sustenta la vida del huérfano y de la viuda. Con atención escuchemos.

 PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Amós 6, 1a. 4-7

Así dice el Señor todopoderoso: «¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria! Os acostáis en lechos de marfil; arrellanados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José. Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos».

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial: Salmo 145

  1. Alaba, alma mía, al Señor.

Él mantiene su fidelidad perpetuamente,
él hace justicia a los oprimidos,
él da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6, 11-16

Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén.

Palabra de Dios.º

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: —«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas". Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros". El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento". Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen". El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán". Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto"».

Palabra del Señor.

Oración de los Fieles

  1. Por quienes dirigen a nuestra Iglesia: para que con humildad y sencillez sigan conduciéndola por el camino de la verdad. Oremos.
  2. Por los responsables de la vida política y social:  para que luchen por la erradicación de la pobreza en nuestra sociedad. Oremos.
  3. Por los más pobres y más necesitados: para que descubran que la Buena Nueva de Cristo va dirigida especialmente a ellos, y la acepten con alegría de corazón. Oremos.
  4. Por los aquí presentes: para que el Señor nos libre del afán de poseer innecesariamente y sepamos invitar a la mesa de nuestra vida a los más pobres y necesitados de nuestra comunidad. Oremos.

Oración:

SEÑOR, la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro aclara problemas de justicia, cuya solución escapa a quienes solo creen en esta vida. La panorámica que nos da la fe cristiana es la auténtica dimensión del hombre: peregrino por este mundo hacia la Patria. Así podemos entender lo que decías en el Sermón del Monte: ¡Bienaventurados los pobres, los que sufren... porque suyo es el reino de los cielos! Cuestión de perspectiva trascendente, cuestión de fe.