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XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

(13 de octubre de 2019)

Liturgia de las Horas: Tomo IV - Salterio 4ª semana

Santos Teófilo ob, Fausto, Jenaro y Marcial mrs, Florencio mr,

Venancio ab

 Papa Francisco: El Evangelio de este domingo nos invita a reconocer con admiración y gratitud los dones de Dios. En el camino que lo lleva a la muerte y a la resurrección, Jesús encuentra a diez leprosos que salen a su encuentro, se paran a lo lejos y expresan a gritos su desgracia, ante aquel hombre, en el que su fe ha intuido un posible salvador: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros» (Lc 17,13). Están enfermos y buscan a alguien que los cure. Jesús les responde y les indica que vayan a presentarse a los sacerdotes que, según la Ley, tenían la misión de constatar una eventual curación. De este modo, no se limita a hacerles una promesa, sino que pone a prueba su fe. De hecho, en ese momento ninguno de los diez ha sido curado todavía. Recobran la salud mientras van de camino, después de haber obedecido a la palabra de Jesús. Entonces, llenos de alegría, se presentan a los sacerdotes, y luego cada uno se irá por su propio camino, olvidándose del Donador, es decir del Padre, que los ha curado a través de Jesús, su Hijo hecho hombre. Solo uno es la excepción: un samaritano, un extranjero que vive en las fronteras del pueblo elegido, casi un pagano. Este hombre no se conforma con haber obtenido la salud a través de su propia fe, sino que hace que su curación sea plena, regresando para manifestar su gratitud por el don recibido, reconociendo que Jesús es el verdadero Sacerdote que, después de haberlo levantado y salvado, puede ponerlo en camino y recibirlo entre sus discípulos. ¿Somos capaces de saber decir gracias? ¿Cuántas veces nos decimos "gracias" en familia, en la comunidad, en la Iglesia? (9-10-2016).

Monición para todas las lecturas

La fe en el Poder de la Palabra de Dios y nuestro agradecimiento son el trasfondo de las lecturas de hoy. Tanto el pasaje del segundo libro de los Reyes como el del evangelio proponen la confianza en la Palabra como actitud que conduce a la curación de la lepra y a una fe agradecida que alaba al Señor. El autor de la segunda carta a Timoteo habla de las cadenas que padece por el anuncio de un Evangelio que nadie puede encadenar. Con el salmo cantaremos y agradeceremos a Dios, a quien debemos escuchar atentos.

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 14-17

En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: —«Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor». Eliseo contestó: —«¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada». Y aunque le insistía, lo rehusó. Naamán dijo: —«Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 97

  1. El Señor revela a las naciones su salvación.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 8-13

Querido hermano: Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada: Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. Es doctrina segura: si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

Palabra de Dios. 

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: —«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: —«Id a presentaros a los sacerdotes». Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: —«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?». Y le dijo: —«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor.

Oración de los Fieles

 A cada petición contestaremos: "Jesús, ten compasión de nosotros"

  1. Para que el papa, obispos y sacerdotes, para que sepan mantener la unidad en la Iglesia, guiados por el Espíritu Santo. Oremos.
  2. Por los pueblos de la tierra, para que las fronteras no sean signos de división y surjan sentimientos de aceptación y colaboración mutua. Oremos.
  3. Por los que sufren persecución y encarcelamiento injusto por causas religiosas, para que vean en San Pablo un modelo a seguir y vean el sufrimiento como un anuncio del Evangelio. Oremos.
  4. Por cada uno de nosotros, aquí reunidos junto al altar, para que Dios sane nuestras enfermedades físicas y espirituales y así podamos dar gloria y alabanza a Dios. Oremos.

Oración:

SEÑOR, al comprobar que solo uno de los diez leprosos curados volvía a darte las gracias, te dolió la actitud de los otros nueve. Yo quiero ser bien nacido, y por eso no pierdo ocasión de agradecerte lo muchísimo que de ti he recibido: todo lo bueno que tengo. Y veo que el mejor modo de agradecerte los dones que me has regalado es ponerlos al servicio de los demás y ser fiel a la confianza que has depositado en mí. Ante tu actuación en mi vida, siempre gratitud ante tu palabra de salvación, siempre absoluta fe, que quiero proclamar, si no en lejanas tierras con los misioneros, sí en mi entorno.