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Solemnidad de todos los Santos

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A

Domingo,1 noviembre de2020 Ciclo A

Papa Francisco: Estamos unidos a todos los santos: no solo a los más conocidos, los del calendario, sino también a los «de la puerta de al lado», a los miembros de nuestra familia y conocidos que ahora forman parte de esa inmensa multitud. Hoy, pues, es una fiesta familiar. Los santos están cerca de nosotros, de hecho, son nuestros verdaderos hermanos y hermanas. Nos entienden, nos aman, saben lo que es nuestro verdadero bien, nos ayudan y nos esperan. Son felices y nos quieren felices con ellos en el paraíso. Por este motivo, nos invitan al camino de la felicidad, indicado en el Evangelio de hoy, tan hermoso y conocido: «Bienaventurados los pobres de espíritu..., los mansos, los limpios de corazón...». El Evangelio dice bienaventurados los pobres, mientras que el mundo dice bienaventurados los ricos; dice bienaventurados los mansos, mientras que el mundo dice bienaventurados los prepotentes; dice bienaventurados los puros, mientras que el mundo dice bienaventurados los astutos y los vividores. Este camino de la bienaventuranza, de la santidad, parece conducir al fracaso. Y, sin embargo, los santos tienen «palmas en sus manos», es decir, los símbolos de la victoria. Han ganado ellos, no el mundo. Y nos exhortan a elegir su parte, la de Dios que es santo. Preguntémonos de qué lado estamos: ¿del cielo o de la tierra? ¿Vivimos para el Señor o para nosotros mismos, para la felicidad eterna o para alguna satisfacción ahora? Preguntémonos: ¿realmente queremos la santidad? ¿O nos contentamos con ser cristianos, sin pena ni gloria, que creen en Dios y estiman a los demás, pero sin exagerar? El Señor lo pide todo y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados (1-11-2018).

Monición única para todas las lecturas

 Escucharemos el relato de las bienaventuranzas, camino a seguir para poder triunfar y formar parte del pueblo victorioso que nos narra el apocalipsis, llegando a ser semejantes a Dios, a quien veremos tal cual es, según lo describe San Juan en su carta. Escuchemos atentamente.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: —«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: —«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!». Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: —«Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén». Y uno de los ancianos me dijo: —«Ésos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?». Yo le respondí: —«Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió. —«Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 23

Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: —«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Oración de los fieles

Responderemos a cada petición: "Santifica, Señor, a tu pueblo"

  1. Para que la Iglesia que peregrina por este mundo, se vaya purificando y preparándose día a día para unirse a la Iglesia Triunfante en el Cielo. Oremos.
  2. Para que el Papa, obispos, sacerdotes y diáconos, por la intercesión de todos los santos, se llenen del espíritu de las bienaventuranzas, haciéndose pastores cada vez más atentos y buscando constantemente la verdad. Oremos.
  3. Para que los gobiernos de las naciones ejerzan un poder grato a los ojos de Dios. Oremos.
  4. Para que los que sufren en el mundo encuentren el auxilio que viene del Señor. Oremos.
  5. Para que esta comunidad reunida en torno al altar, viva las bienaventuranzas y siga los caminos del Señor para llegar a contemplar su gloria. Oremos.
  6. Para que todos busquemos vivir en santidad, a ejemplo de los grandes santos que ya gozan de la presencia de Dios en el cielo. Oremos.

Oración:

SEÑOR todos los santos del cielo son todos los que en esta vida recibieron los insultos, la persecución y la calumnia, con la serenidad que Jesús los acepto. Y, como Jesús, pasaron por este mundo “haciendo el bien“, a quienes los querían y a quienes los perseguían . No puede juzgarse toda la existencia del hombre teniendo en cuenta solo esta vida. Los santos fueron felices en la tierra, en medio de sufrimientos; y son plenamente bienaventurados en el cielo, sin temor a que esa felicidad eterna pueda arrebatársela  nadie. ¡Contigo, Jesús, a la eternidad!.