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XXXII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A

(8 de noviembre de 2020)

Liturgia de las Horas: Tomo IV – Salterio 4ª semana

Santos Godofredo ob, Adeodato pp.
Beato Juan Duns Escoto pb

DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

Papa Francisco: En este domingo, el Evangelio nos indica las condiciones par.» entrar en el Reino de los cielos y lo hace con la parábola de las diez vírgenes: las jóvenes que estaban encargadas de acoger y acompañar al esposo en la ceremonia de boda y, como era costumbre celebrarla de noche, las mujeres estaban equipadas con lámparas. Cinco de estas vírgenes son prudentes y cinco son necias: l.is prudentes llevaron con ellas el aceite para las lámparas, mientras que las necias no lo llevaron. Jesús nos enseña que debemos permanecer preparados para el encuentro con Él: «Velad, porque no sabéis el día ni la hora». Velar no significa solamente no dormí», sino estar preparados. Se trata de no esperar al último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios, sino de hacerlo ya ahora. Sería hermoso pensar un poco: un día será el último. Si fuera hoy, ¿cómo estoy preparado, preparada? Prepararse como si fuera el último día: esto hace bien. La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras que el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta y hace fecunda y creíble la luz de la fe. La condición para estar listos para el encuentro con el Señor no es solo la fe, sino una vida cristiana rica en amor y caridad hacia el prójimo (12-11-2017).

Monición única para todas las lecturas

 La primera lectura de hoy nos presenta a la Sabiduría personificada como una figura femenina que sale al paso de quienes la buscan y anhelan su cercanía. Y sabias son también aquellas cinco muchachas prudentes y previsoras del evangelio que van al encuentro del novio con sus lámparas encendidas. La espera del esposo se alargaba mucho y causaba inquietud en los primeros, cristianos, a quienes responde Pablo en su carta a los Tesalonicenses. Con mucha atención escuchemos.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16

La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta. Meditar en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 62

  1. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agotada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: —«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!". Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis". Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos". Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco". Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Palabra del Señor. 

Oración de los fieles

 Responderemos a cada petición: ¡VEN SEÑOR JESÚS!

  1. Por la Iglesia que espera ansiosa tu venida, te pedimos para que siga difundiendo ese mensaje de esperanza de una vida nueva en el Reino de los cielos. Oremos.
  2. Por los que gobiernan las naciones, pedimos tu presencia en tus corazones para que dirijan con sabiduría y rectitud a los pueblos. Oremos.
  3. Por los marginados, desposeídos y perseguidos, te pedimos que mores en sus corazones y les des fortaleza para resistir las adversidades. Oremos.
  4. Por nosotros que hoy compartimos tu banquete, te pedimos que nos ayudes a poner en práctica la palabra que de ti hemos escuchado. Oremos.

Oración:

SEÑOR, no pierdes ocasión de aconsejarme que esté siempre alerta, con parábolas o con tu exposición directa. ¿Quién me asegura la vida terrena hoy o mañana? Los accidentes y las muertes repentinas, tan frecuentes, no avisan. Tú sí me avisas de que esté siempre en vela, preparado, muy unido a ti. Por eso te pido que me concedas una muerte consciente, sabiendo que dejo este mundo y voy a mi verdadera Patria, la vida eterna contigo. Así podré preparar mi momento más importante, sabiendo que quien decidirá mi destino eterno serás tú, mi Amigo.