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15 Nov 2019
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Eucaristía Diaria Santo Cristo
15 Nov 2019
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16 Nov 2019
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Eucaristía Diaria Santo Cristo
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17 Nov 2019
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Eucaristía Domingos Santo Cristo
17 Nov 2019
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18 Nov 2019
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Eucaristía Diaria Santo Cristo
19 Nov 2019
19:30
Eucaristía Diaria Santo Cristo

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XXXII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

(10 de noviembre de 2019)

Tomo IV - Salterio 4ª semana

Santos LEÓN MAGNO pp dc,
Orestes mr, Andrés Avelino pb

DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

Papa Francisco: Para poner a Jesús en dificultad y ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos, los saduceos -que no creían en la resurrección de los muertos- parten de un caso imaginario: «Una mujer tuvo siete maridos, que murieron uno tras otro», y preguntan a Jesús: «¿De cuál de ellos será esposa esa mujer después de su muerte?». Jesús, siempre apacible y paciente, en primer lugar responde que la vida después de la muerte no tiene los mismos parámetros de la vida terrena. La vida eterna es otra vida, en otra dimensión donde, entre otras cosas, ya no existirá el matrimonio, que está vinculado a nuestra existencia en este mundo. Los resucitados serán como los ángeles, y vivirán en un estado diverso. Pero luego Jesús, por decirlo así, pasa al contraataque. Y lo hace citando la Sagrada Escritura, con una sencillez y una originalidad que nos dejan llenos de admiración por nuestro Maestro, el único Maestro. La prueba de la resurrección Jesús la encuentra en el episodio de Moisés y de la zarza ardiente, allí donde Dios se revela como el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. El nombre de Dios está relacionado con los nombres de los hombres y las mujeres con quienes Él se vincula, y este vínculo es más fuerte que la muerte. Y nosotros podemos decir también de la relación de Dios con nosotros, con cada uno de nosotros: ¡Él es nuestro Dios! Como si Él llevase nuestro nombre. A Él le gusta decirlo, y esta es la alianza. He aquí por qué Jesús afirma: «No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para Él todos están vivos». Y este es el vínculo decisivo, la alianza fundamental, la alianza con Jesús: Él mismo es la Alianza, Él mismo es la Vida y la Resurrección, porque con su amor crucificado venció la muerte. Jesús le da un giro a la perspectiva humana y afirma que nuestra peregrinación va de la muerte a la vida: la vida plena (10-11-2013).

Monición para todas las lecturas

Las lecturas de hoy nos colocan ante el hecho universal de la muerte, pero nos llenan de consuelo y esperanza en la gloriosa resurrección. Porque Dios no nos ha creado para la muerte, sino para la vida. La muerte no tiene la última palabra; por eso no hay que tenerle miedo a morir en manos de los hombres, como lo relata la primera lectura, pues al despertar nos saciaremos de la presencia de Dios, como lo proclamaremos en el salmo. Jesús nos confirma en el Evangelio de hoy esta gran verdad. Escuchemos atentos.

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1-2. 9-14

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Uno de ellos habló en nombre de los demás: —«¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres». El segundo, estando para morir, dijo: —«Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna». Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: —«De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios». El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos. Cuando murió este, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo: —«Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 16

  1. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi suplica,
que en mis labios no hay engaño. R.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras. R.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2, 16-3, 5

Hermanos: Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos. El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno.Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado. Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 20, 27-38

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: —«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella». Jesús les contestó: —«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos».

Palabra del Señor. 

Oración de los Fieles

Responderemos todos: "Atiende, Señor, nuestras súplicas"

  1. Por la Iglesia de Dios, para que no desmaye, aún en medio de las dificultades, siga llevando a todos los hombres la esperanza en la resurrección. Oremos.
  1. Por el mundo entero, para que no se deje confundir y siga confiando en que la muerte no tiene la última palabra, sino que hay una vida eterna que nos espera. Oremos.
  1. Por los que son perseguidos por defender la vida, para que no dejen nunca de ser testigos ejemplares del Reino de Dios, oremos.
  1. Por los que este día celebramos esta Santa Misa, para que aprendamos a gastar nuestra vida en el servicio a los demás, con la esperanza de participar al final en la plenitud de la vida. Oremos.

Oración:

SEÑOR, después de crearlo todo con solo tu palabra, ordenaste al hombre y ¿A a la mujer: “Dominad la tierra". Y, con mi inteligencia y mis manos, tengo la misión de colaborar en tu obra, perfeccionando la creación. No me has llamado a organizar la vida del cielo, que está muy bien en tus manos. Tu amor me sorprenderá en mi día grande, cuando deje este mundo y me encuentre con lo que me has preparado en la Casa del Padre. Será la mayor y más deslumbrante sorpresa para mi y para todos los que han decidido obedecerte caminando por la senda de la fe y del amor.